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Huyendo del pintoresquismo

05.09.2014 | Crítica de arquitectura

Hace cinco años había pocas casas en La Lluena, un paraje situado junto a Camallera. Ahora, tras su urbanización y división en grandes parcelas para uso residencial, hay varias. Son de formatos muy diversos,porque a la hora de construir en un entorno campestre como el que nos ocupa caben varias opciones: las que tratan de mimetizarse con la arquitectura vernácula y las que prefieren adoptar un lenguaje moderno. Lo primero lleva en ocasiones a reproducir esquemas caducos. Lo segundo parece más adecuado para responder a los requerimientos de la época. Pero ninguno de los dos planteamientos ofrece garantías de fracaso rotundo o de éxito completo. Cada caso tiene sus riesgos y, también, sus posibilidades. Sergi Serra y Marta Adroer recibieron el encargo de construir una vivienda de un solo nivel en La Lluena. Era para una pareja que les pidió primar las relaciones entre interior y exterior. La respuesta de los arquitectos fue una planta rectangular, con espacios cerrados y espacios perimetrales, estos últimos protegidos con muros de piedra seca o con paramentos de mimbre, que envuelven porches y patios. Lo cual presentaba dos ventajas: por una parte, lograr una mayor eficiencia térmica al modular la insolación; por otra, la posibilidad de eludir las normativas restrictivas que limitan la superficie de las aberturas en fachada. Una anterior obra en La Lluena había estimulado ya la habilidad de Serra/Adroer para cumplir dichas normas sin traicionar sus intereses arquitectónicos. Y aquí, dicen, llegaron con la lección aprendida. La Casa GG, que es como se llama esta obra, se sostiene con una estructura metálica liviana, en forma de M (es decir, con techumbre a dos aguas invertida), que permite sortear otras restricciones normativas y simular, desde el exterior, una cubierta que casi parece plana, recubierta con la receptiva teja de color paja, y revestida en su interior con plafones de madera, también usados para efectuar las separaciones interiores. El resultado de esta operación, de esta defensa de la arquitectura de líneas modernas en un ámbito propenso al pintoresquismo, es una casa con mucho carácter, dispuesta sobre una plataforma de hormigón, que parece posarse, más que enraizarse, en el solar. Una casa que sintoniza con el entorno gracias a algunos de sus materiales. Pero cuya forma afilada y contundente remite a una modernidad que quizás parezca a algunos un poco menos campestre que los citados materiales. Son efectos colaterales de la lucha contra el pintoresquismo.

 

Foto de Lourdes Jansana

(Publicado en “La Vanguardia” el 5 de septiembre de 2014