“Fem història”

17.05.2015 | Opinión

Fem història. ¿Han oído esta frase? Yo la oigo a diario y en los más diversos ámbitos. En Catalunya se está haciendo mucha historia. La hacen los clubs de waterpolo, las asociaciones de gais y lesbianas, las formaciones políticas de raíz leninista. La hacen en Palafrugell y en Balaguer, en Reus y en Arenys de Munt. Y la hacen, con más insistencia que nadie, los que siguen dando por hecho que la independencia está a la vuelta de la esquina… Las actividades de estos y otros colectivos se presentan ahora animadas y sacralizadas por el lema Fem història. Como si hacer historia fuera tan sencillo como ir a tomarse unas cañas, sacar el perro de paseo o tumbarse en el sofá para ver la tele.

La expresión Fem història tiene varios significados. Por ejemplo, revisar los antecedentes de un proceso para explicar su momento actual. Eso está bien, porque ayuda a tomar decisiones acertadas. Pero el Fem història al que me refiero es otro: el que se esgrime para afirmar que se está haciendo algo grande, trascendente. Algo que, se supone, va a cambiar la historia. Pero cuya demorada materialización –¡ay!– acaba tapándose con dosis masivas de énfasis e hipérbole: así es como el Fem història deja de describir un hecho y pasa a expresar un deseo.

Ciertamente, todo lo que hacemos se convierte en historia. Pero debería recordarse que algunos registros históricos son poco gloriosos. Aquellos que quieren hacer historia sin los pertrechos o los consensos necesarios se arriesgan a ocupar un lugar deslucido en ella. La historia también acoge a los torpes, a los impotentes y a los que llegaron al ridículo a base de error de cálculo y obcecación.

Los héroes que surfean por la superficie de la historia se yerguen sobre un océano de fracasados. Lo cuentan los historiadores en sus libros. Y lo sugiere el diccionario, donde las acepciones negativas de historia superan de largo las positivas. Decimos, por ejemplo, que algo pasa a la historia cuando deja de producirse o tener efecto. Decimos que la historia se repite cuando algo negativo vuelve a suceder. Decimos déjate de historias cuando nos cuentan monsergas. Decimos así se escribe la historia cuando alguien refiere como veraz una versión deformada de lo realmente ocurrido…

La historia es el conjunto de hechos sucedidos en el pasado. Esa es su primera acepción. Pero aquí ya se da hoy por hecha la historia que se concretará –o no– mañana. Carlo Ancelotti, entrenador del Real Madrid, habló de entrar en la historia antes de disputar la semifinal de la Champions a la Juventus. Y, en efecto, entró en ella: como derrotado. Tras el partido, Álvaro Morata, delantero de la Juve, dijo que los suyos querían hacer historia en la final. Supongo que, a su entender, lo lograrán si vencen al Barça. Pero eso es algo que no conseguirán con ilusión, labia y pensamiento mágico, sino jugando sus cartas con inteligencia, cohesión de grupo y suerte. Así en el fútbol como en la política.

 

(Publicado en “La Vanguardia ” el 17 de mayo de 2015)