Famosos en campaña

24.05.2015 | Opinión

En vísperas electorales suceden cosas extraordinarias. El miércoles, por ejemplo, el presidente de la Generalitat y el alcalde de Barcelona se sentaron felices en un acto de campaña junto a Lucía Caram, la monja televisiva. Supongo que lo hicieron pensando que unas fotos a su lado no les vendrían mal. Sor Caram estaba pletórica: dos días antes, trascendió que el Vaticano le había echado un rapapolvo por prodigarse extramuros de su convento. Pero ni caso: la religiosa se explayó con declaraciones tipo “estoy enamorada del presidente Mas” y “soy una monja cojonera”. Si me hubieran dicho, tiempo atrás, que las primeras autoridades catalana y barcelonesa iban a propiciar este compadreo en público no lo hubiera creído. Ahora, este intercambio floral entre Mas, Trias y una monja mediática ya no sorprende. Entretanto, otra monja con debilidad por micrófonos y focos, Teresa Forcades, sopesa su candidatura a presidenta de la Generalitat.

En esta campaña, varios candidatos han echado mano de celebridades televisivas, acaso para chuparles un poco de fama y de share. El socialista Collboni le ha encargado la publicidad a Risto Mejide (y ha obtenido a cambio –le está bien empleado– lemas groseros como no fotem). ERC ha puesto de número 2 de su lista barcelonesa al actor Juanjo Puigcorbé, que últimamente salía a menudo en la prensa por sus esfuerzos para ganar un dinerito vendiendo el tríplex que posee en Madrid. Y Ada Colau amenizó un mitin con mi admirado Gran Wyoming, además de embarcar a séniors como Quico Pi de la Serra o Josep Fontana.

Todos los ciudadanos deberíamos ejercer alguna actividad política, incluidos los famosos, que también tienen derecho a significarse (y un plus de responsabilidad, dado su modus vivendi). Dicho esto, me sorprende que, en esta época de incertidumbre y renovado combate ideológico, los partidos recurran a la fauna televisiva con el propósito de colorear listas y actos. Los rostros conocidos tienen tirón entre el pueblo llano, sí. Pero, al enrolarlos, las formaciones políticas recurren a trucos propios del reality show. Fíjense que no alistan a ingenieros, matemáticos u otros profesionales con cabezas bien estructuradas, que quizás contribuirían mejor a una política de altura. Se busca a los que tienen un rostro conocido, labia o un supuesto gancho masivo; a los que llegan con un plus de popularidad bajo el brazo.

A veces pienso que el país se acerca al abismo con excesiva despreocupación. Quizás los políticos me repliquen por lo bajini que usan a Caram et altri como meros comparsas, lo cual sería tranquilizador para mí y ofensivo para ellos. Pero también podría ser que estuvieran jugando con fuego. Hace un lustro, Belén Esteban insinuó que iba a presentarse a las elecciones y un sondeo la convirtió, de saque, en la tercera fuerza política nacional. Todavía lo recuerdo cuando una cena excesiva me produce pesadillas.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 24 de mayo de 2015)