Estando la mar por medio

12.09.2012 | Reportaje de arquitectura

La bienal iberoamericana exalta las construcciones humildes y el espacio público

Cádiz

Renuncia expresa a la arquitectura que se entrega a lo icónico o lo superficial, y apuesta clara por aquella que fomenta el espacio público, la recuperación de técnicas y materiales tradicionales de bajo coste y, en suma, busca el bienestar del mayor número posible de personas sin descuidar la resolución plástica de las obras. Estos son criterios de selección de la octava edición de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU), inaugurada esta semana en Cádiz, en el marco de los actos del bicentenario de la primera Constitución liberal europea, popularmente conocida como La Pepa.
Esta BIAU tiene por lema “Estando la mar por medio “, extraído de Sajuriana , poema popular chileno relativo a un cautivo español que suspira por volver a su país, del que le separa el océano. Sin embargo, la exposición de las 25 obras premiadas -destilado de previas selecciones nacionales, cribadas luego por un jurado internacional en el que la barcelonesa Carme Pinós hizo las veces de portavoz- constituye un canto al mar como nexo de unión entre comunidades. En cada una de las salas del Bastión de la Candelaria se enfrenta una obra ibérica (española o portuguesa) con otra americana. Y, entre ambas, se abre un ventanal al mar: la tronera por la que antaño asomaron los cañones que protegían la entrada a la bahía de Cádiz desde esta robusta construcción militar del siglo XIX. Inaugura el recorrido por este montaje, que es esencial y delicado, una imagen del hotel y restaurante Atrio en Cáceres, de Emilio Tuñón y Luis Mansilla, en lo que constituye un homenaje a este último arquitecto, fallecido el pasado febrero a los 52 años. Y le siguen una serie de obras en las que, a diferencia de esta construcción que alberga instalaciones sofisticadas, prima a menudo la mayor sencillez. Un ejemplo sería el proyecto de Inteligencias Colectivas Palomino en el Caribe colombiano, una simple marquesina realizada con bambú local, recuperando técnicas vernáculas de construcción. O la Casa del Pescador en Villa Florida (Paraguay), de José Eduardo Cubilla, una vivienda que reutiliza materiales, aprovecha las sombras de árboles preexistentes y potencia la ventilación natural y el tránsito entre interiores y exteriores. O la Casa de ladrillos en Buenos Aires, de Daniel Ventura y Andrés Virzi, que recurre a materiales tradicionales para solventar cuestiones relativas al confort térmico. Hay también trabajos en los que el protagonista es el espacio público, desde los Escenarios deportivos en Medellín de Mazzanti Arquitectos, donde se combina un polideportivo de potente y expresiva cubierta con diversos espacios circundantes diseñados para el paseo y el encuentro, hasta otros mucho más simples pero no menos efectivos, online slots como el Corredor peatonal Madero en Ciudad de México, de Felipe Leal y Daniel Escotto, que recupera espacios de relación ciudadana. O, en otra escala, la Residencia para mayores en Alcácer do Sal (Portugal) de Francisco y Manuel Aires Mateus, donde se promueve tanto la posibilidad de vida social como la intimidad. La recuperación de obras preexistentes tiene uno de sus ejemplos más felices en la cubierta de la iglesia de la Ciudad de Baños (Ecuador), de Brownmeneses-Arquitectura, que con su ligera estructura de metal y plástico recupera como centro comunal un templo ruinoso desde que en el terremoto de 1949 perdió su techumbre. La naturaleza humilde y discreta de no pocas obras se ve acompañada por la ambición espacial que persiguen otras. Un paradigma de lo dicho es la Universidad Adolfo Ibáñez en Viña del Mar (Chile) de José Cruz Ovalle, donde diversos volúmenes y rampas construyen un espacio de singular dinamismo. O, en una escala muy distinta, a la intemperie, el puente peatonal en Corvilha (Portugal) de Joao Luis Carrilho da Graça, Antonio Adao da Fonseca y Carlos Quinaz: una estilizada, elegante y muy elevada construcción que serpentea en el aire. Las cinco obras españolas incluidas en esta selección final son, además del ya mencionado Atrio, el Museo del Agua en Lanjarón, de Juan Domingo Santos; la ampliación del Museo de San Telmo en San Sebastián, de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano; la pasarela del Baluarte de Labrit en Pamplona, de Óscar Pérez, Carlos Pereda e Ignacio Olite; y las 80 viviendas de protección oficial en Salou de Toni Gironés. Cabría añadir a este apartado el Lounge Tepoztlan (en México), del mexicano Eduardo Cadaval y la catalana Clara Solà-Morales. “Los tiempos son difíciles, pero carece de sentido decir que la arquitectura ha terminado. La situación, ciertamente, es distinta a la de antes de la crisis. Pero ofrece nuevas posibilidades para los jóvenes dispuestos a trabajar en la recuperación y reutilización de edificios y ciudades. En este sentido, soy optimista”, dice Ángela García de Paredes, que junto a los también arquitectos Ignacio Pedrosa, Francisco Burgos y Ginés Garrido se ha ocupado del montaje de la exposición y de la coordinación de las diversas actividades académicas de esta edición de la BIAU. La BIAU ha premiado al español Juan Navarro Baldeweg (Santander, 1939) y al argentino César Naselli (Córdoba, 1933), en reconocimiento a toda su trayectoria profesional. Asimismo, ha concedido premios a publicaciones, trabajos de investigación y estudiantes de arquitectura (www.biau.es). Y, por último ha creado un nuevo premio audiovisual, titulado Vídeourbana, que en su primera edición ha ganado el trabajo colectivo La ciudad perfecta , particular retrato de Caracas. La exposición de la BIAU -que “refleja una toma de conciencia con la realidad y apunta caminos para el futuro inmediato”, según resume Francisco Burgos, uno de sus coordinadores- permanecerá un mes en Cádiz y, posteriormente, se exhibirá en Sevilla.