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Nou Passeig del Trencaones
Arquitectos: Pedro Villar. Puerto de Barcelona
Ubicación: Barcelona. Junto a la plaza Rosa dels Vents

Antes de la transformación olímpica, cuando vivía de espaldas al mar, Barcelona tenía en el rompeolas (dique Este, en términos portuarios) un paseo marítimo excepcional: cerca de dos kilómetros de asfalto sobre una escollera, muy frecuentados por paseantes, corredores, ciclistas, pescadores y enamorados; también por clientes del restaurante Porta Coeli, que se levantaba en su extremo. Hace un par de años, el éxito turístico de Barcelona excluyó a sus habitantes de aquel paseo, ahora reservado para las terminales de cruceros, los cruceristas y sus servicios de transporte.
Tan lamentable pérdida se ha visto ahora parcialmente subsanada con una operación, pilotada por Port de Barcelona y un concesionario privado, que ofrece a la ciudad 36.481 metros cuadrados más de espacio público frente al mar. Dicha operación consta de dos partes. En primer lugar, la ampliación de la plaza de la Rosa dels Vents, al sur del Hotel W, que dobla su espacio hasta sumar unos 12.000 metros cuadrados. En segundo, y a continuación de dicha plaza, el llamado Nou Passeig del Trencaones, una lengua de 400 metros de longitud y unos diez de ancho, que discurre en paralelo a la costa, con vistas de 360º sobre Montjuic, el puerto (en particular la nueva Marina Vela, a la que abriga), la ciudad y, por supuesto, el Mediterráneo.
Este nuevo paseo es de una sencillez espartana: apenas un pavimento de hormigón teñido de ocre, con sendas barandillas a lado y lado, metálica y relativamente transparente la que da a la Marina Vela; maciza, de hormigón y disuasoria la que lo separa del mar. En realidad, no hace falta mucho más. El salitre no suele favorecer la vegetación. Y lo importante es aquí la visión panorámica, la proximidad de la inmensidad azul y una sensación de holgura espacial que, por razones obvias, es infrecuente en la ciudad.
Salvando las distancias, esta operación es comparable a la de los Jardins de la Rambla de Sants, inaugurados hace dos años, en el sentido de que se aprovecha una gran infraestructura para generar espacio público. Si allí el cajón que envolvía las vías ferroviarias se transformaba en un paseo de 700 metros de longitud, “vestido” con vegetación y mobiliario urbano de acentos, a veces, cacofónicos, aquí es el muelle protector de la Marina Vela el que dobla su función como paseo público. Paseo que viene a prolongar otro ya muy concurrido: el que a lo largo de unos cuatro kilómetros enlaza el Fòrum con el Hotel W, pasando por la villa olímpica, el puerto olímpico y la Barceloneta: la espléndida fachada marítima de la ciudad que recuperó su relación con el mar en 1992.

(Publicada en "La Vanguardia el 5 de enero de 2019)