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Museo Oliva Artés Muhba
Arquitectos: BAAS Arquitectura
Ubicación: Barcelona. Parc Central del Poblenou. C. Espronceda, 142

Desde hace años, Barcelona trata de preservar su memoria industrial y obrerista protegiendo y reutilizando viejos conjuntos fabriles. Son edificios a menudo centenarios y catalogados, que se adaptan a nuevos usos, muy distintos de los originales, sin cambiar en lo esencial su configuración y con recursos limitados. Lo cual no siempre garantiza resultados memorables.
Jordi Badia (BAAS Arquitectura) firmó en Can Framis una de las intervenciones de este tipo más afortunadas. En buena medida, porque el grado de protección de aquella fábrica era menor y le permitió una actuación radical que transformó el patrimonio arquitectónico, insuflándole nueva vida museística.
En su rehabilitación de los talleres Oliva Artés, cuyo concurso ganó en el 2009, no ha podido actuar con semejante libertad. La materia prima era esta vez una edificación de 1920 concebida para la fabricación de maquinaria textil, de escaso interés arquitectónico, ahora maltrecha, pero protegida. Una edificación que sin embargo disponía de un espacio interior apreciable, casi catedralicio, con nave central flanqueada por dos laterales, sin duda su mejor activo.
La intervención de Badia, asistido por Jero Gutiérrez, ha consistido principalmente en realzar el empaque de dicho interior, también de sus texturas de ladrillo y sus elementos metálicos. El primer objetivo era convertirlo en sede del Museu d’Història de Barcelona (Muhba). Pero la crisis frenó tal iniciativa. La obra presenta ahora, recién terminada su última fase, un acabado sumario, a lo Palais de Tokyo. Aunque no por elección del arquitecto, como ocurrió en la obra parisina de Lacaton y Vassal, sino debido a los módicos fondos disponibles, que condujeron a una operación de mínimos, acometida de momento en tres fases. En la primera, de consolidación, se retechó el edificio, conservando las cerchas, y se pavimentó con cemento. En la segunda se montó una exposición, protagonizada, más que por las piezas reunidas, por la lámpara continua a escala del edificio que organiza la planta, y sobre cuya pantalla se narra la muestra. Y, en la tercera, se ha rehabilitado el primer piso perimetral y se ha instalado un pórtico de acceso, una escalera interior dorada y muy vistosa; un ascensor, un bar y otra escalera en la fachada trasera.
El mejor acierto de esta intervención no reside en ninguno de estos elementos, pese a su contundencia, sino en esa idea de rendir culto al espléndido volumen interior. Casi todo en esta obra está a su servicio. Empezando por el pórtico de acceso, hecho con planchas de hierro galvanizado, como la mayoría de los elementos añadidos. Y siguiendo por la fachada exterior, que evoca el envés de un decorado teatral, porque la auténtica fachada, la genuina atmósfera arquitectónica, está dentro. Esa subordinación de la presencia exterior hubiera sido quizás desconsiderada en otra parte de la ciudad. Pero no lo parece dentro del Parc del Poble Nou, que arropa este edificio con su verdor..

(Publicada en "La Vanguardia" el 29 de noviembre de 2020)