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En puntos suspensivos

12.04.2014 | Crítica de arquitectura

María González y Juanjo López de la Cruz, los arquitectos de Sol89, tienen su vivienda en una finca situada junto al mercado de la calle Feria de Sevilla. El edificio de este mercado data del XIX, pero las construcciones que lo rodean tienen origen medieval y han visto de todo. En la de Juanjo y María hubo un lúgubre bar, muy compartimentado, y antes unos carniceros que usaban el zaguán como almacén y comercio.

Juanjo y María son partidarios de desvelar las viejas arquitecturas y dejarlas hablar. Aquí entraron sin proyecto, derribaron casi todo lo que había entre medianeras y esperaron a que el espacio fuera revelándoles sus posibilidades. El resultado de su labor –recortar forjados, buscar entradas de luz cenitales– es una vivienda de aire moderno, al tiempo confortable y esencial, en la que sin embargo se perciben atmósferas de otras épocas: la del almacén hoy convertido en acceso; la del típico patio sevillano, que genera un salón de verano e inunda de luz la casa; la de los viejos envigados que pudieron restaurarse y salvarse…

Esta política del desvelo, del ir descubriendo estratos históricos, ha guiado también su trabajo en el antiguo convento de Madre de Dios de la Piedad, un edificio del XVI de variada y azarosa historia, donde en diciembre inauguraron el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus). Lo de inaugurar hay que matizarlo. Porque aunque este equipamiento funciona ya como gran sala de exposiciones –su planta en ele de gran crujía y 700 metros cuadrados es ahora el espacio artístico de moda en Sevilla– está a medio hacer: los visitantes caminan sobre el forjado desprovisto de pavimento y entre muros de ladrillo repicado, tanto en la sala como en la galería vidriada que da al claustro. También aquí, la intención de Sol89 fue desnudar el edificio, hacerlo hablar y dejarlo presto para usos varios, como los que pide la escenografía cambiante del arte contemporáneo. El proyecto completo incluirá en su día, entre otras intervenciones, un entarimado y el revestimiento de las paredes con listones de madera. Pero de momento no hay dinero para ello, y la obra se ha quedado en puntos suspensivos, pero practicable, como testimonio elocuente de la época de crisis. Y remitiendo de paso a trabajos en su día muy comentados, como la reforma del parisino Palais de Tokyo, firmada en 2001 por Lacaton/Vassal, o la Pinacoteca de São Paulo (1993) de Mendes Rocha.

 

(Piblicado en “La Vanguardia” el 12 de abril de 2014)