El Govern aprieta pero no ahoga. Cuando asomó la pandemia, el president Torra quiso que los catalanes fuéramos los más confinados de España. (Como Mas quiso antes que fuéramos los más rápidos recortando servicios públicos. O como Puigdemont quiere que seamos los más revoltosos e incordiantes). Pero ahora el Govern acelera y nos ha soltado tres días antes de lo previsto. ¡Muchas gracias, Govern!
En lugar de a las cero horas del lunes 22, hemos sido autorizados a cambiar de provincia a las cero horas del viernes 19, con lo que algunos van a empalmar seis días de recreo. Poca broma. El viernes, porque llevábamos muchos días sin salir de Barcelona; el sábado y el domingo, porque eran fin de semana; el miércoles, porque es Sant Joan; y hoy lunes y mañana martes, porque nos lo ponen muy a tiro.
Esta gentileza de la Generalitat nos ayuda, por una parte, a rendir tributo al bonito puente asociado a la festividad de Sant Joan, tan querenciosa en estos lares. Y, por otra, permite a los propietarios de segundas residencias disfrutarlas e ir desempolvándolas de cara al verano. 
¡Ah, la segunda residencia! En España gusta mucho. De hecho, somos el primer país europeo por número de segundas residencias. Hay ahora mismo 6,5 millones (una de cada cuatro viviendas). En Catalunya este bien inmobiliario goza además de tradición, variedad tipológica y aprecio transversal. El president Macià ya vendió a su audiencia nacionalista el ideal neorruralizante de “la caseta i l’hortet”. Los “altres catalans” descritos por Candel optaron por la “casa del pueblo”, que conservaron o recompraron en sus localidades de origen. Y los burgueses fueron amontonando sus segundas residencias frente al mar o el monte, hasta taparlos. Luego, en una fase de bienestar superior, decidieron combinar la segunda con la tercera. Por ejemplo, en la Cerdanya y en Menorca. (Hay fórmulas mejores, donde Gstaad sustituye a Urús, y Capri a Fornells; pero tampoco debemos ponerle los dientes largos a nadie, que algunos muerden).
La segunda residencia ofrece, sin duda, alguna que otra ventaja. Pero también ­tiene sus detractores. El cineasta Jaime ­Camino publicó hace veinte años en La Vanguardia una bienhumorada diatriba titulada “Contra el week-end”. En ella alertaba sobre las numerosas incomodidades que aguardan al urbanita en la idílica masía ampurdanesa reconvertida en finca de recreo: frío en invierno, calor en verano, goteras cuando llueve, relaciones tortuosas con los lugareños que le prestan servicios, etcétera. Pero la posición de Camino era quizás minoritaria. De modo que bienvenido sea el acelerón del president Torra, tras tres meses de movilidad restringida. El desconfinamiento ha tardado, pero ya está aquí. Disfruten, pues, los que la tengan, de la segunda residencia. Hasta que nos encierren de nuevo.

(Publicado en "La Vanguardia" el 22 de junio de 2020)