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En busca del gran espacio

31.12.2015 | Crítica de arquitectura

Centro educativo del centro médico Erasmus

Arquitectos: Kaan Architecten

Ubicación: Rotterdam (Holanda). C. Dr. Molewaterplein, 50

 

Los edificios de grandes dimensiones proporcionan a sus visitantes y usuarios una singular experiencia espacial. Las catedrales fueron durante siglos el paradigma de tal experiencia, aunque su escasa iluminación natural les confería a veces un aire misterioso, fantasmagórico. Museos, estaciones y aeropuertos han tomado el relevo de las catedrales, con un plus de luz solar, que inunda lae estancias espaciosas y les da mayor viveza.

Entre las recientes aportaciones a esta tipología de grandes espacios cabe destacar el centro educativo del centro médico Erasmus, en Rotterdam, una obra del equipo arquitectónico holandés dirigido por Kees Kaan, conocido en España por Planta, su obra museística en curso para la Fundació Sorigué, cerca de Lleida.

Este ámbito educativo, que en su espacio central de alrededor de 3.000 metros cuadrados diáfanos incluye una biblioteca de cuatro alturas (once metros), zonas de estudio y reunión, auditorio, etcétera, es de hecho una extensión del centro médico Erasmus, construido en 1965 por OD205 y Jean Prouvé, para albergar un hospital, una facultad de medicina y laboratorios de investigación, entre otros servicios.

La propuesta de Kaan Architecten para dicha ampliación era tan simple como monumental: cubrir un área de acceso al complejo médico, aprovechando elementos estructurales preexistentes y creando una enorme sala, protegida por un techo con un ritmo constante de lucernarios de geometría triangular. Un techo de color blanco, como el de toda la sala, que proporciona agradable iluminación, tanto la natural diurna como la artificial nocturna. Es allí, en esta nueva gran plaza central, a cubierto, donde convergen y se reúnen los estudiantes de las distintas áreas del centro Erasmus.

Complementa tan peculiar techo, sostenido por vigas de más de 70 metros de longitud, una galería perimetral, a al que se adosan escaleras de aire brutalista, herencia de la construcción original. También, un suelo de madera, con ocasionales alfombras rojas, que otorgan a esta construcción, semifinalista en la última edición del premio Mies van der Rohe, un carácter tan imponente como acogedor.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 31 de diciembre de 2015)