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Escola Montserrat Vayreda
Arquitectos: BAAS
Ubicación: Roses. C/ de Dalt, 27

Tras varios lustros en pabellones prefabricados, la escuela primaria Montserrat Vayreda de Roses ha estrenado sede este curso. Creado en el 2005 para ­acoger, entre otros, a los hijos de las oleadas inmigratorias marroquíes, del Este europeo o Latinoamérica, este centro ha crecido rá­pidamente, pasando de 50 a 400 alumnos. Ahora goza de instalaciones flamantes en una ­amplia parcela que dibuja un escalón y presenta, por tanto, dos cotas.
Jordi Badia (BAAS), autor del proyecto arquitectónico, ha ordenado el programa en un único volumen de una planta, que al llegar al desnivel se prolonga parcialmente en voladizo, y que se articula alrededor de un gran patio cuadrangular de tierra batida. Dicho volumen es casi invisible en su acceso, situado en un muro de hormigón. En cambio, en su otro extremo, donde vuela sostenido por pilares en uve, presenta una fachada con mayor carácter. El edificio tiene así una doble escala, más humana y discreta la que rodea el patio y más rotunda la de la fachada ante las pistas de ­deportes.
Alrededor del patio, en dos de los lados del edificio, se sitúan la mayoría de las aulas, que son vidriadas, de gran transparencia, con vistas al patio y a los alrededores, y equipadas cada una de ellas con un espacio cubierto en el exterior. En otro lado están las oficinas y algunas aulas especiales. Y, en el cuarto, en el ya mencionado voladizo, se ubica el comedor con vistas al Cadí, un gimnasio de dos alturas que no sobresale del conjunto construido y, entre ambos, la escalera que desciende en dirección a las pistas.
Como en la mayoría de las construcciones de esta tipología promovidas por la Generalitat, el presupuesto ha sido limitado. Badia lo evidencia en un techo donde las vigas y las rasillas son visibles; también con las instalaciones sobre bandejas; en un pavimento de terrazo colocado de tal modo que dibuja listas de colores (en un montaje donde resuena el eco de su collage de papel pintado en el FAD); y en unas sencillas, pero cálidas, estructuras de madera que separan estancias. Sin embargo, esta modestia de los materiales contrasta con las generosas dimensiones del solar, que han permitido al arquitecto ordenar con holgura y buen criterio funcional el programa de esta nueva escuela construida en el límite de Roses, al pie de las Alberes y del pico del Àliga.

(Publicada en "La Vanguardia" el 4 de febrero de 2018)

Fotografía: Adrià Goula