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El tiempo construye

15.10.2014 | Crítica de arquitectura

Nova Sala Beckett

Arquitectos: Flores & Prats

Lugar: Pere IV, 228. Barcelona

 

Solemos asociar una nueva obra arquitectónica, o incluso una rehabilitación como ésta, con los interiores recién pintados, limpios e impolutos. En especial, tras los años del minimalismo. Pero la coyuntura es ahora otra. Y el paso del tiempo se ha convertido en un material constructivo más, situado por cierto en las antípodas de lo que está recién pintado.

Una de las obras más comentadas de principios de siglo fue la reforma del Palais de Tokyo de París. En aquella época en la que los equipamientos faraónicos estaban en boga, los arquitectos franceses Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal aceptaron el encargo de convertir en nueva sala de exposiciones un viejo pabellón edificado en 1937, sometido a varias reformas fallidas y reducido a poco más que su estructura. Con un presupuesto mínimo invertido en instalaciones, dejaron el local casi como lo encontraron.

Ricardo Flores y Eva Prats han optado en la reforma que debe dar lugar a la Nova Sala Beckett por una estrategia parecida. Por una intervención no intervencionista, como les gusta decir, que reivindica el estado de ruina, el valor del tiempo como escultor, y deja vistos desconchones de la pintura y demás desperfectos motivados por el uso, apostando, eso sí, por la reutilización y recolocación de elementos, por ejemplo las carpinterías: se trata de sacar partido a todo lo que ofrezca el viejo edificio.

Los espacios de la Nova Sala Beckett, ordenados en dos grandes naves y un espacio central, han tenido a lo largo de los años muchos usos. Nacieron como Cooperativa Pau i Justícia en los años veinte del siglo pasado, y luego fueron reformados para albergar escuelas, gimnasios o, más recientemente, actividades teatrales. Para este último cometido, Flores y Prats han realizado ya una primera fase de consolidación y de distribución de espacios, entre los que se contarán dos teatros y una sala de ensayos. Les falta la segunda fase, para completar dichas instalaciones teatrales. Y quizás por ello algunos pensarán que, una vez terminadas, el local relucirá y por tanto habrá perdido su alma, o, simplemente, el rastro de los años. No será así. Habrá algún rasgo actual. Pero, en lo esencial, el paso del tiempo seguirá mandando en sus muros.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 15 de octubre de 2014)

 

Foto de Adrià Goula