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El rascacielos ondulante

16.07.2011 | Crítica de arquitectura

New York by Gehry
Arquitecto: Frank Gehry
Ubicación: Nueva York. 8, Spruce St.

Nueva York es la capital del mundo occidental, pero seguramente no es la capital de la arquitectura occidental. En las calles de Manhattan se levantan edificios singulares, como el Chrysler o el Empire State, y otros más recientes de indudable cheap generic cialis with dapoxetine 20 mg interés, como el New Museum debido a Sanaa o la female viagra sede de “The viagra for women New York Times” de Renzo Piano. Pero las construcciones de nueva planta y calidad indiscutible escasean. Quizás una excepción sea el rascacielos firmado por Frank Gehry en el número 8 de la calle Spruce, junto al Ayuntamiento, en el “downtown” neoyorquino. Se trata de una torre de 76 plantas que, lejos de presentar las habituales hechuras de paralelepípedo, evoca en su ondulante piel de acero inoxidable los pliegues de las túnicas de las esculturas realizadas por Bernini para la iglesia romana de oral kamagra Santa Maria della Vittoria. Si para triunfar en Nueva York con un rascacielos es preciso dotarlo de una morfología singular, diremos que Gehry lo ha logrado sobradamente. Este edificio, con planta en forma de T, tres fachadas agitadas (o siete, según se mire) y una cuarta plana, está verticalmente dividido en cuatro cuerpos siguiendo el modelo tarta de boda , habitual en la ciudad, y suma 900 apartamentos, de una a tres habitaciones. Esta capacidad lo convierte en destacado paradigma de una nueva vigencia, la de los edificios residenciales diseñados por arquitectos estrella: en la prensa neoyorquina abundan estos días los anuncios de flamantes promociones residenciales que llevan la firma de arquitectos afamados (Gehry, Norten, etc.), como si los ciudadanos de a pie fueran el nuevo objetivo comercial del “star system” .

La torre viagra side effects de Gehry, que empezó a ocuparse en primavera pero cuyas obras seguirán en las plantas superiores hasta el 2012, se levanta sobre un zócalo de cinco plantas revestido de ladrillo, donde alberga una escuela pública y oficinas. El resto del edificio se destina cialis vs levitra a los mencionados 900 apartamentos, de dimensiones variadas, trece de ellos con terrazas de impresionantes vistas, que en algún caso abarcan el oeste, norte y sur de Manhattan. El resto de pisos no tiene malas panorámicas, dada la generosa superficie de las ventanas, que ocupan más de la mitad de los muros exteriores. Cabe añadir que la luz interior del edificio tiene su correlato exterior: la piel arrugada de la torre es pródiga en reflejos, plateados durante las horas matutinas, y dorados a partir de media tarde. Cruzando el puente de Brooklyn en dirección a Manhattan, esta obra del arquitecto californiano cobra un gran protagonismo en el “skyline” neoyorquino.

Gehry no se había enfrentado hasta ahora al reto que supone una torre de estas dimensiones. Sus peculiares formas, que a menudo remiten a torbellinos de materiales, han dado buenos resultados en museos y otros equipamientos con más metros de fachada que altura, como el Guggenheim de Bilbao, el Disney Concert Hall de Los Ángeles o el futuro y mastodóntico Guggenheim de Abu Dhabi. Pero no estaba escrito que fueran a darlos en una torre tan alta y esbelta como esta. Sin embargo, aquí los da con creces. Y aún podría haberlos dado con otras formas, según se aprecia en la variopinta colección de maquetas expuestas en la oficina de alquiler de apartamentos situada en la propia torre.

Foto Jake Rags