El nombre de los partidos

14.12.2014 | Opinión

PCE: Partido Comunista de España. En otras épocas las siglas de los partidos definían su orientación claramente. Uno sabía a qué atenerse. P de partido, C de comunista, E de España: entidad, ideología y ámbito de actuación descritos con precisión. Algunos partidos, como el PSOE, mantienen ese criterio nominal, acaso porque son centenarios. Pero otros más jóvenes, como Ciutadans (C’s), cultivan desde su mismo nombre cierta ambigüedad. Sabemos que C’s surgió del descontento con la hegemonía nacionalista. Pero lo sabemos porque así lo predican sus líderes, no porque su nombre lo indique. Todos aspiramos a ser ciudadanos, pero no todos queremos militar en dicho partido. O sea, el nombre de Ciutadans es más inclusivo de lo que, en realidad, es su ideario.

Esta tendencia a la indefinición ideológico-nominal progresa. Las dos últimas formaciones que se han asomado a la escena política son Podemos y Guanyem. Ambas tienen por nombre un tiempo verbal. Podemos se ha bautizado con la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo poder. Su nombre, con ecos del lema que llevó a Obama a la presidencia –Sí, podemos–, transmite un mensaje de optimismo, invita a la acción. Guanyem se ha bautizado con la primera persona del plural del subjuntivo del verbo ganar –así lo interpreto yo, si bien en catalán también podría ser presente de indicativo o imperativo–, que se usa para expresar una acción dudosa, deseada o necesaria. Con todo, nominalmente, Guanyem va más lejos que Podemos. Su nombre no se conforma con plantear una posibilidad: insta a ganar las próximas elecciones.

¿Por qué Podemos utiliza el presente de indicativo? Pues porque el subjuntivo –podamos– tiene poco encanto y no va a ninguna parte. ¿Por qué Guanyem utiliza el subjuntivo? Pues porque el presente –ganamos– adelanta acontecimientos y puede conducir a la frustración.

Los nombres de estas nuevas formaciones están a medio camino entre el lema publicitario y la receta de autoayuda. Incitan a tomar decisiones y a subvertir esquemas. El nombre, con su perfume insurreccional, es el mensaje. Por eso el principal punto de la propaganda de Podemos es la erradicación de la casta, de aquellos que en mayor o menor medida corrompen la democracia. Y es tanto el enfado acumulado por los ciudadanos que muchos corren a apoyarles pese a su inconcreción programática, estimulados por la vehemencia con que denuncian las corruptelas de quienes desean barrer.

Es obvio que algunos de nuestros gobernantes son como para echar a correr. Incluso en dirección hacia las nuevas formaciones mencionadas. Eso se comprende. Pero ya se comprende menos que, antes de echarse en sus brazos, no se examine con detalle y espíritu crítico el programa de estos nuevos mesías. Si algo deberíamos haber aprendido a estas alturas es que no hay soluciones mágicas.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 14 de diciembre de 2014)