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El metro bajo el mar

08.08.2014 | Crítica de arquitectura

Estación de metro Toledo
Arquitecto: Oscar Tusquets
Ubicación: Nápoles. Calle Toledo.
Algunas calles de Nápoles llevan 2.500 años en servicio. Y se nota. Los destellos de pretérita opulencia son constantes en sus construcciones, pero la trama urbana es irregular, como también lo es su piso, y las fachadas están despintadas y desconchadas, además de tiznadas por el paso del tiempo. La suciedad no escasea en las calles napolitanas y, a ratos, parece la nota dominante. En esta atmósfera decadente, destacan las nuevas estaciones de metro, diseñadas por arquitectos y artistas plásticos de fama internacional: son oasis de contemporaneidad en una ciudad con enorme carga histórica. Algunos de dichos autores, como el francés Dominique Perrault, han optado por un diseño de resonancias hightech , convirtiendo la gran caja de escaleras de la estación Garibaldi en un Piranesi del siglo XXI. Otros, como la desaparecida Gae Aulenti (estación Dante) prefirieron ceder todo el protagonismo a los muralistas. Y otros, como Oscar Tusquets en la estación Toledo, han firmado una obra muy personal, colorista, que quizá haga arquear las cejas a los críticos de gusto minimalista, pero que ha logrado amplio aprecio entre los napolitanos, que son gente vitalista y expresiva. En esta obra del arquitecto barcelonés, el recorrido desde superficie hasta los andenes subterráneos viene a sugerir un tránsito entre la tierra y las profundidades marinas. Los tramos superiores incluyen una obra de William Kentridge, pero están revestidos de tonos terrosos no demasiado estimulantes. Pero los intermedios, que avanzan hacia cotas situadas bajo el nivel del mar, proponen atmósferas muy llamativas. En especial, el tramo de las escaleras metálicas revestido de gres blanco y de distintas tonalidades azules, presidido por un gran lucernario cenital, de planta ovalada y volumetría, digamos, vesubiana, donde resuenan ecos del patio de luces de la gaudiniana Casa Batlló. Esta explosión cromática, capaz de elevar el ánimo por lo general mustio del usuario del metro, viene seguida de un pasillo más relajante, flanqueado por panorámicas de una superficie marina encalmada, debidas a Bob Wilson. En suma, propuesta de componentes oníricos y clara vocación escenográfica, que lleva bajo tierra los brillos azules de la espléndida bahía de Nápoles. Y que mereció el año pasado en Londres el premio Leaf a la mejor construcción de su categoría.
(Publicado en "La Vanguardia" el 8 de agosto de 2014)