El mercado en casa

02.10.2014 | Crítica de arquitectura

Markthal

Arquitectos: MVRDV

Ubicación: Rotterdam. Estación Blaak

 

Rotterdam vive tiempos de gran producción arquitectónica, servida por sus estrellas locales. El año pasado se habló mucho de De Rotterdam, la llamada “ciudad vertical” (apartamentos, oficinas, hotel, etcétera.) construida por Rem Koolhaas en el Wilhelmin Pier. Y este año se hablará del Markthal, obra de MVRDV que ayer inauguró la reina Máxima. Se trata, esta vez, de una peculiar tipología híbrida: dos bloques de apartamentos unidos por la parte superior, formando un arco que cobija un mercado.

Tratar de resolver dos funciones con una única obra no es sencillo. Puede ser que las resuelva, pero quizás no de modo memorable. Este podría ser el caso del Markthal, que aloja 228 apartamentos y 96 puestos de mercado, además de 1.200 plazas de parking y restos arqueológicos en su subsuelo.

Cuantitativamente, esta es una obra muy considerable, con 100.000 metros cuadrados construidos y un coste de 175 millones de euros. Pero en términos arquitectónicos, y dejando de lado el prodigio tecnológico requerido para cimentar esta pieza enorme en un suelo inestable como el holandés, deja una impresión mejorable. En buena medida, debido a las hechuras del arco, que es grueso, para albergar las viviendas, y que describe una curva no muy agraciada: hubiera ganado en plasticidad de ser más abierto. Claro que, en tal caso, los ascensores no hubieran podido conservar la vertical.

Las dos bocas del arco tienen una altura de 40 metros, requerida por las doce plantas sobre superficie, y notable anchura. Están cerradas con sendas cristaleras de unos 2.000 metros cuadrados, vertebradas por un sistema que se inspira en el cordaje de una raqueta de tenis. Son necesarias para controlar la temperatura bajo el arco, y evitar corrientes de aire, pero parecen algo forzadas.

Los apartamentos del Markthal son de varias medidas: desde viviendas sociales de 80 metros hasta lujosos áticos de 300 metros con terraza y vistas a la iglesia Laurens, el único edificio medieval que sobrevive en el centro de Rotterdam. Muchos de los pisos tienen también vistas al interior del mercado, cuyas paredes interiores han sido decoradas con un mural de motivos vegetales y 11.000 metros cuadrados, obra de Arno Coenen e Iris Roskman: una propuesta que evoca, bajo el arco, el tejado multicolor de Santa Caterina en Barcelona. El colorido que brinda este mural y la luz solar que entra por las dos bocas proporcionan una atmósfera viva, estimulante, en el interior del mercado. Las fachadas exteriores del edificio son, en cambio, de piedra gris, muy ordenadas y austeras, aunque no tan severas como las escaleras y los corredores del edificio.

Pese a las reservas expresadas, el Markthal constituye una obra icónica con gran protagonismo en el centro de Rotterdam, ciudad que fue arrasada por las bombas en 1940 y que desde entonces –y gracias a autores actuales, o anteriores como Bakema– se ha convertido en un activo laboratorio de arquitectura contemporánea.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 2 de octubre de 2014)

Sin imagen