Quim Torra ha estado yéndose desde el día en que Puigdemont lo designó presidente –pero vicario– de la Generalitat. Vista su hoja de servicios, cabe decir que ha seguido yéndose durante el año y medio que lleva en el cargo. Se ha ido un poco más según perdía confianzas soberanistas, incluida la de Waterloo. Y hace diez días el TSJC le señaló directamente la puerta al inhabilitarle para el cargo.
La sentencia será recurrida y Torra podrá zascandilear un tiempo más por el Palau de la Generalitat. Pero ese fallo invita ya a recapitular y valorar su legado. Dado que su obra de Gobierno ha sido negativa –las listas de espera de la sanidad son más largas, la economía madrileña ha superado a la catalana, la Universidad está más asfixiada, la independencia queda más lejos, etcétera–, uno se pregunta qué pervivirá de ella. Acaso un álbum de fotografías de simbólico folklorismo.
Quim Torra tomó posesión el 17 de mayo del 2018, prometiendo “cumplir lealmente las atribuciones del cargo de presidente de la Generalitat” (la primera de las cuales es por cierto, según la ley de la Presidencia, “mantener las relaciones con las autoridades de las instituciones del Estado”). Un mes después creyó prioritario viajar a Washington para participar en el Smithsonian Folklife Festival y dejó ya allí una primera imagen para el recuerdo: la de su incidente diplomático con el embajador español.
Poco después, el 30 de junio, Torra protagonizó un vídeo en un festival de Santa Coloma de Farners, abrazado a una garrafa de ratafía, bebida a la que atribuyó poderes similares a los de la poción mágica de Panoramix, el druida de Astérix y Obélix: “Ens fa més forts com a país”, dijo del popular licor.
A esta imagen le sucederían otras tomadas en incontables festejos: la Fira del Càntir d’Argentona, la Fira de l’All de Cornellà de Terri, el Aplec del Caragol de Lleida, la Patum de Berga, la Fira de la Gamba de Palamós o las muchas jornadas castelleras a las que fue, como la de la plaza de Sant Jaume donde este septiembre se sumó a la pinya. Entre las fotos de más enjundia política, citaremos la de su emotivo tributo a una puerta dañada el 1-O en la Escola oficial d’idiomes de Lleida. La de sus regulares visitas a la cárcel. Y, cómo no, su ya célebre exhortación a los CDR en Sant Julià de Ramis, el 1 de octubre de 2018: “Apreteu!”
No me consta que haya imágenes –es una pena– de las sutiles declaraciones hechas por Torra en Bescanó este noviembre, cuando anunció al mundo que se había zampado un plato de botifarra amb seques y no descartaba compartir sus efectos con los miembros del TSJC que iban a juzgarle. Hermoso detalle.
Aprovecho esta nota para felicitar al  todavía presidente de la Generalitat. No por su deficiente labor como tal, sino porque ayer celebró su 56.º cumpleaños. En efecto, nació un 28 de diciembre (el de 1962), día de los Santos Inocentes. Y de las inocentadas. Aquí lo dejo.

(Publicado en "La Vanguardia" el 29 de diciembre de 2019)