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Polideportivo Camp del Ferro

Arquitectos: AIA Activitats Arquitectòniques /Barceló Balanzó /Gustau Gili Galfetti

Ubicación: Barcelona. Plaza de Albert Badia i Mur

 

Los polideportivos son, a menudo, cajas de cierto volumen y líneas previsibles, con predominio del hormigón y el metal. El de Camp del Ferro, junto al campo de fútbol del Sant Andreu, sorprende de entrada por su cornisa ondulada, que recuerda el remate de la Elbphilarmonie de Hamburgo, y por su revestimiento cerámico, en el que se alternan los lienzos de ladrillo con las celosías del mismo material, de distinta configuración según la orientación de cada fachada. Son, todos ellos, rasgos adecuados a un entorno en el que destacan las naves de la Llotja, antiguos talleres de la Pegaso, con sus volúmenes de ladrillo y su cornisa dentada con grandes lucernarios.

Los autores se refieren a veces a este edificio como “el iceberg”. La analogía no es de origen cromático: esta construcción no es blanca, sino rojiza. Alude a la gran parte del programa soterrada, baza que les ayudó ganar el concurso en el 2015. Porque este edificio de dimensión moderada, sede entre otras entidades del Club Patí Congrés y la Associació Esportiva Sant Andreu, reúne en su interior tres pistas. Lo hace situando dos en el subsuelo, una de las cuales se sale de la huella del edificio y se sitúa bajo la plaza ganada para la ciudad ante su fachada. El edificio se identifica por el mencionado revestimiento cerámico –que actúa como regulador lumínico y térmico–, pero su mejor virtud es la ingeniosa implantación en el solar.

Nada más entrar en el polideportivo, tras cruzar un vestíbulo cuya altura es la del edificio, el visitante se ve abocado a la pista principal, de 400 localidades. Basta un breve paseo para llegar a lo que es el corazón del edificio, donde llama la atención la poderosa estructura que sostiene la pista superior, a lo Gimnasio Maravillas, apropiada en un edificio que por su naturaleza no permite plantar demasiados pilares.

Deambulando por el interior de esta obra, la sensación es de holgura espacial, mucha más de la que se intuye desde el exterior. Y los juegos de luz se revelan sutiles, ya procedan del techo, mediante unos lucernarios que la ondulación de la cornisa disimula, o de los muros donde las celosías de ladrillo y las láminas de policarbonato revelan sus prestaciones.

La mano de Barceló Balanzó Arquitectos, que recientemente han firmado obras como el Palacio de Deportes levantado para los Juegos del Mediterráneo en Tarragona o el Instituto Les Aimerigues en Terrassa, todas ellas con pieles cerámicas muy logradas, se hace patente en la fachada de este edificio. Pero, como decíamos, la mejor virtud de este edificio es su implantación en el solar y su sección, que al soterrarse le permite incluir todo el programa, definir un volumen que no avasalla al entorno y generar espacio público para la ciudad. Y esa virtud nace del acuerdo con los otros dos despachos coautores de esta obra: AIA Activitats Arquitectòniques y Gustau Gili Galfetti.

(Publicado en "La Vanguardia" el 15 de noviembre de 2020