El hombre del tiempo

28.09.2014 | Opinión

La caída del ministro Gallardón y de su regresiva ley del Aborto nos ha dado una de las mejores noticias de la temporada. Hay que agradecérsela en parte a Mariano Rajoy, que por una vez ha manejado el rayo fulminante con la autoridad y la soltura de Zeus.

Confío en que me disculpen la comparación con el dios del Olimpo, porque si bien Rajoy, en tanto que presidente del Gobierno, dispone de mucho margen para hacer y deshacer, lo cierto es que normalmente se distingue por no hacer. Diríase que para Rajoy los problemas son como las nubes que se forman sobre un cielo despejado, que luego cobran volumen, se tiñen de grises amenazadores, anuncian lo peor y, de pronto, empujadas por un viento providencial, desaparecen y restituyen al cielo su azul inmaculado. O sea, que la patada de Rajoy a Gallardón ha sido excepcional en una trayectoria cuya quietud evoca, en ocasiones, la de una seta.

<CS9.9>Esta conducta pasiva, que a algunos parece rayana en el tancredismo o la apatía, le ha valido al presidente el título de gran gestor de los tiempos. Curiosa conclusión. Cuando los rivales le han lanzado órdagos, Rajoy ha hecho como que oía llover. Cuando sus correligionarios le han movido la silla, Rajoy ha extremado su inmovilidad para no caerse, y ha esperado a que el viento de la historia los barriera. Cuando una parte de los catalanes le desafía y otra le emplaza a negociar, Rajoy se abraza al mástil de la ley, como el capitán Ahab al del “Pequod”, y no hay quien lo mueva de ahí, pese a la evidencia de que con ello no logra sino encrespar el oleaje y engrosar las filas soberanistas…

España es así. El presidente del Gobierno silba y ciertos analistas políticos, en lugar de pensar, como sería también plausible, que no da más de sí, decretan que es un admirable gestor de los tiempos y le aplauden como tal. Ellos sabrán por qué. Ahora bien, ¿realmente lo es? ¿No estaremos confundiendo, sistemáticamente, la inacción con la astucia o la sabiduría? Digo yo que un buen gestor de los tiempos no es aquel que se comporta como un pasmarote. Sería, por el contrario, aquel que acreditara ductilidad, flexibilidad y capacidad para acelerar o frenar, indistintamente, según lo requieran las circunstancias. Y, más importante que eso, sería aquel facultado para llevar la iniciativa en la escena política. Es decir, para actuar anticipándose a la coyuntura, en lugar de ir a remolque de ella; para plantear los debates y liderar la opinión pública, en lugar de ejercer de mero oyente, como Alfonso Guerra.

Sólo el tiempo nos dirá si Rajoy ha sido un buen gestor de los tiempos. O si ha sido lo contrario. Pero ya les adelanto que la historia no aprecia a los líderes que dormitaron en su poltrona. Aprecia a los que supieron tomar las riendas de cualquier coyuntura y, al abandonar el cargo, dejaron un país mejor que el que les fue confiado.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 28 de septiembre de 2014)