Sin imagen

El arte de esconderse

07.11.2014 | Crítica de arquitectura

Museo Marítimo de Dinamarca

Arquitecto: Bjarke Ingels (BIG)

Ubicación: Ny Kronborgvej, 1. Helsingor (Dinamarca)

 

Desde su inauguración en octubre de 2013, el Museo Marítimo de Dinamarca, obra de Bjarke Ingels en Helsingor, recibe un premio tras otro. Lo cual resulta doblemente meritorio si consideramos que se trata de un edificio subterráneo, invisible a cierta distancia e integrado en una antigua dársena portuaria. El arquitecto no tenía otra alternativa más que esconderlo, puesto que se levanta a escasa distancia del protegido castillo de Kronborg, uno de los principales monumentos daneses, en el que Shakespeare escenificó “Hamlet. Pero es precisamente el modo en que ha escondido su obra, acoplándola en un entorno muy historiado, lo que la convierte en una aportación de gran sensibilidad y, a la vez, extraordinaria contundencia.

La estrategia de Ingels, dada la ubicación de su obra entre este castillo del siglo XVI y The Culture Yard (una obra de AART Architects que rehabilita con una envolvente de caprichosa geometría dependencias de antiguos astilleros), fue construir bajo superficie alrededor de la vieja dársena seca, larga y de planta ahusada. Para, a continuación, colocar en su interior tres pasarelas de aluminio y cristal, de secuencia zigzagueante y aire estructural, por las que se accede al museo o se cruza hacia el castillo, y en cuyo interior se alojan espacios de exhibición o auditorio.

La construcción del museo tras los viejos muros paralelos de la dársena, respetando sus hechuras y convirtiéndola en una pieza más de la colección, requirió de un notable esfuerzo de consolidación y los preceptivos movimientos de tierras. Nada de eso se manifiesta hoy bajo el prado que lo cubre. Tan sólo tienen presencia las nuevas piezas arquitectónicas flotantes dentro de la dársena.

En el interior del museo, Ingels ha dispuesto suelos ligeramente inclinados y proyecciones de oleajes en los muros, que a ratos dan al visitante la sensación de hallarse sobre la cubierta de un buque en alta mar. Algunas dependencias –como la recepción, la cafetería o los aseos– son más afortunadas que otras –el auditorio de planta triangular parece forzado; el inicio de la segunda parte del recorrido es angosto–. Pero, en su conjunto, el edificio cumple con vocación innovadora tanto sus funciones museísticas como su condición de bisagra entre la arquitectura contemporánea de The Culture Yard y la renacentista del castillo de Kronborg. Y lo hace con una de las expresiones más convincentes del lenguaje de Ingels, siempre atrevido, a veces también áspero y anguloso. A sus 40 años, el líder de BIG atesora un importante currículo constructivo, que este museo viene a reforzar; sigue ejerciendo de “niño prodigio” de la arquitectura europea; y nos propone además –digámoslo de paso– una de las mejores webs de su gremio.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 7 de noviembre de 2014)

 

Foto de Luca Santiago Mora