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Edificio de contrastes

14.03.2015 | Crítica de arquitectura

Edificio multifuncional Fondo

Arquitectos: Pich Architects

Ubicación: Santa Coloma de Gramenet. Calle Massenet, 28-30 y paseo Mossen Joaquim Verdaguer, 131

 

Algunos edificios se levantan en enclaves tirando a caóticos. Por ejemplo, el edificio multifuncional Fondo, en Santa Coloma de Gramenet. Esta obra de Felip Pich-Aguilera y Teresa Batlle iba a ser inicialmente la mera reforma de un mercado preexistente. Pero la densidad del barrio y la carencia de servicios les indujo a proponer el derribo del viejo mercado y su sustitución por un equipamiento multifuncional –con mercado, supermercado, guardería y biblioteca- de nueva planta. Las diversas instituciones que ejercían de cliente les confiaron el proyecto. Y la obra se ha ido inaugurando por fases, siendo la última la de la biblioteca, el pasado septiembre.

Este es un edificio híbrido, de contrastes. El principal se da entre su base y su pieza superior, que los arquitectos denominan “nube”. La base, que alberga el mercado, busca la transparencia y la relación con el paseo Verdaguer mediante un cerramiento acristalado. Busca además en su primera planta, que alberga el supermercado y está revestida de cerámica de colores terrosos, la sintonía con los materiales y la línea de cornisa del barrio.

Sobre esta peana flota la “nube”, colgada de potentes cerchas, una figura geométrica irregular dibujada con chapa metálica envolvente de “deployé”, que encierra tres plantas más y remite a otra dimensión constructiva. Su aspecto nada tiene que ver con el del resto de la abigarrada trama de Santa Coloma. Su vocación abstracta, por no decir heterodoxa, es manifiesta. Pero las sorpresas no terminan aquí. Su vestíbulo de acceso a la biblioteca, ya dentro de la nube pero todavía al descubierto, está dominado por muros cortina de vidrio, que remiten a la estética de la torre de oficinas. Y, al otro lado de este volumen, en la guardería, se descubre un patio al aire libre, con huerto incluido, de resonancias rurales.

Pich-Aguilera y Batlle han empleado prefabricados en esta obra de presupuesto limitado. Las instalaciones están a la vista y los acabados son en ocasiones rudos. El interiorismo de sus diversos equipamientos difícilmente acumulará premios. Pero el mercado, con su bar y su buena relación con la plaza, ha ganado en holgura y como centro de relación social. El deployé que envuelve la biblioteca interacciona de modo particular con la luz, cuyos reflejos modulan la volumetría exterior y tamizan la claridad interior: los arquitectos dicen que hace con la luz lo que un rayador con el parmesano. Y la guardería ofrece a sus jóvenes usuarios un espacio amplio e improbable en una trama urbana congestionada. No es poco.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 14 de marzo de 2015)