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Dos escenarios menorquines

20.06.2015 | Crítica de arquitectura

Auditorio Ferreries / Sala Albert Camus

Arquitectos: Javier Bardón Artacho / Joan Gomila y Domènec Enrich

Ubicación: Av. Son Morera, 1, Ferreries. / Es Cos, 58, Sant Lluís

 

Menorca ha inaugurado esta temporada dos equipamientos escénicos, uno en Ferreries, en marzo, y otro en Sant Lluís, en septiembre. El primero es un edificio exento, en un extremo de Ferreries, cuyas fachadas principales se enfrentan, respectivamente, a la población y al monte de Sa Ermita. Para rentabilizar este doble vecindario, Javier Bardón tuvo la feliz idea de concebir su volumen paralelepipédico con una gran abertura central, un ojo cuadrado de 15 por 7 metros que le permite relacionarse con ambos entornos, y relacionarlos entre sí. No puede decirse que sea un recurso arquitectónico inédito, pero aquí tiene la virtud añadida de generar un espacioso auditorio al aire libre, en la gran oquedad. En el interior del edificio, flanqueando dicho ojo, se disponen un auditorio de unas 250 plazas y un conservatorio con su aulario, este último con luz natural merced al revestimiento de plancha perforada.

El Auditorio de Ferreries es un volumen contundente que impone su presencia en esta discreta población menorquina. Pero su enclave urbano es lo suficientemente esponjado como para asumirlo sin que chirríe demasiado.

La sala polivalente Albert Camus e Sant Lluís –así bautizada en memoria del Nobel de Literatura, cuya abuela era “santlluisera”- se levanta en el corazón de esta población de planta cuadriculada construida por los franceses en el siglo XVIII. Este orden cartesiano se refleja con acento contemporáneo en la fachada del auditorio, que es blanca y sin voladizos, como las de las casas circundantes, y espeta su línea de cornisa. Define dicha fachada un mural artístico de hormigón blanco. Su motivo es el mismo de las actividades escénicas del edificio: a palabra y el sonido. Y su concreción son moldes de bocas de niños de Sant Lluís junto a algunas de su voces más frecuentes –“xalarem”, “quin borinot”, “bon ball tenim”, “quin sacardiu!”…- o las frecuencias de los sonidos de su entorno –los estorninos, los silbidos del polideportivo, las barcas de Biniancolla…-. El interior, de limitadas dimensiones, está copado por una sala polivalente y otra de ensayo encima.

Quienes pasen ante esta sala quizás no vean en su fachada más que una caprichosa alteración de la fábrica urbana de Sant Lluís. Pero la vocación de contemporaneidad de los arquitectos y la colaboración de los niños del pueblo dan sentido a su singularidad.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 20 de junio de 2015)