Destape global

10.05.2015 | Opinión

EL destape ha vuelto, y ahora es global. Asisto, con una mezcla de curiosidad circense y fatiga, a esta nueva carrera del destape. Ya vi una. Fue durante la transición española, cuando supuestas actrices lo enseñaron todo en revistas para caballeros –es un decir– y películas rijosas. La Cantudo, la Duval, la Estrada, la Lys, Nadiuska o la Rey fueron figuras señeras de aquel calentón. Los que peinamos canas no hemos logrado olvidarlas. Los jóvenes las han descubierto –¡ay!– en las secciones periodísticas tituladas ¿Qué fue de…?. El paso de los años es inclemente con las que viven del palmito.

El destape vuelve y ahora lo hace de la mano de las más populares cantantes y actrices. Cualquier entrega de premios MTV o Grammys u Oscar, cualquier soirée de gala en un festival de cine, es ocasión ideal para su lucimiento anatómico. La última se dio esta semana en las escaleras del Metropolitan de Nueva York, convertidas en alfombra roja para medio millar de elegidas y elegidos. Anna Wintour, que desde Vogue arbitra el buen gusto, organizó allí su Met Ball 2015.

Acabo de escribir Met Ball –Baile del Metropolitan– y reparo en su parecido con meatball –albóndiga–. Pero no debo distraerme. El tema sugerido a las asistentes para su vestuario era China, porque el Met alberga desde el jueves la exposición China: a través del espejo, donde revisa la influencia de aquel país en la moda. Y, a decir verdad, algunas asumieron el reto con elegancia. Ahora bien, las más macizas relegaron este dress code e impusieron el que practican de antiguo: la transparencia, la tela menguante, el escote abisal, la raja kilométrica en la falda, la ropa interior emergente, etcétera.

En este pugilato indumentario destacaron, como suelen, Rihanna, Beyoncé, Kim Kardashian o la veterana Jennifer López, combinando capas tipo cortinaje y desnudeces unas, exhibiendo otras paños reveladores o vestidos con boquetes que descubrían medio trasero y, potenciando casi todas a tope sus redondeces.

Llevado por mi afición a la sociología recreativa, me pregunto: ¿a qué se debe esta nueva primavera del destape? Ya no podemos atribuirla, como decenios atrás, al fin de la censura franquista y la represión sexual. Ahora la pornografía es gratis en internet y los jóvenes han visto todo lo que podían imaginar, y más, antes de terminar la ESO. Sin embargo, el afán de las celebridades por mostrarse parece más intenso que nunca. Y, como Madame Pompadour, lucen vestidos sugerentes. Sin embargo, su amante ya no es el rey Luis XV. Su amante y su rey es la audiencia global, a la que pretenden –y logran– seducir con sus exhibiciones. Cada posado suyo suscita millones de comentarios en las redes, de benéficos efectos sobre su popularidad y, por ende, sobre su caché. Bienvenidos, pues, al destape global, que anuncia largo recorrido. Sólo con que sea la mitad de largo que la ambición de sus practicantes, veremos muchas cosas. Hasta el píloro.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 10 de mayo de 2015)