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CEIP Can Fabra
Arquitectos: Manel Brullet, Alfonso de Luna
Ubicación: C/ Segre, 56, Sant Andreu. Barcelona

El recinto industrial de Fabra i Coats se caracteriza por sus volúmenes de ladrillo rojo portante. Al recibir el encargo de levantar un centro escolar dentro de su perímetro, Brullet y De Luna optaron por este material. Pero la normativa, que impide ahora construir edificios de más de dos niveles con ladrillo, les obligó a combinarlo con una estructura de hormigón. No lo ocultaron: dicha combinación propicia en la fachada de la calle Segre una afortunada composición en la que son visibles ambos materiales, sin pretensiones y con un buen ritmo de ventanas. La fachada opuesta, orientada a oeste y enfrentada a la de Fabra i Coats, es distinta: protege las clases con un brisse soleil de una pieza, hecho con deployé de acero galvanizado, que le da escala y atenúa la insolación, cobijando de paso una espaciosa balconada corrida de más de cuatro metros de profundidad. El edificio se levanta sobre pórticos de hormigón, que liberan superficie para espacios adaptables, interiores o exteriores. Y convierte la escalera de emergencia, situada en uno de los extremos del bloque, en agradable y holgado espacio de transición, adecuado también para el encuentro.
El proyecto de esta obra, presupuestada en menos de 4,5 millones de euros, data del 2010. La crisis económica arreciaba entonces con tanta intensidad que hasta ochenta equipos se presentaron a su concurso. El proyecto de Brullet y De Luna fue un digno vencedor por distintos motivos. El primero, la manera en que reconoce la presencia de Fabra i Coats, homenajeandola sin mimetismos, estableciendo un diálogo que se basa tanto en el respeto como en la autonomía. El segundo, el modo desinhibido en que coloniza su parcela, en una esquina del recinto, aprovechando un trozo exterior de su muro, pero al tiempo marcando territorio con la verja que define su patio. El tercero, la racionalidad de sus plantas, tanto en la baja como en las tres superiores, ordenadas en dos franjas, una para pasillo y otra para aulas.
Operativa desde el curso 2016-2017, esta escuela aporta savia arquitectónica contemporánea a un recinto de aire decimonónico. Complementa con lenguaje actual la política de recuperación para nuevos usos de venerables complejos industriales que impulsa el Ayuntamiento. Y lo hace exhibiendo una experiencia y un oficio que no estan reñidos con la frescura.El recinto industrial de Fabra i Coats se caracteriza por sus volúmenes de ladrillo rojo portante. Al recibir el encargo de levantar un centro escolar dentro de su perímetro, Brullet y De Luna optaron por este material. Pero la normativa, que impide ahora construir edificios de más de dos niveles con ladrillo, les obligó a combinarlo con una estructura de hormigón. No lo ocultaron: dicha combinación propicia en la fachada de la calle Segre una afortunada composición en la que son visibles ambos materiales, sin pretensiones y con un buen ritmo de ventanas. La fachada opuesta, orientada a oeste y enfrentada a la de Fabra i Coats, es distinta: protege las clases con un brisse soleil de una pieza, hecho con deployé de acero galvanizado, que le da escala y atenúa la insolación, cobijando de paso una espaciosa balconada corrida de más de cuatro metros de profundidad. El edificio se levanta sobre pórticos de hormigón, que liberan superficie para espacios adaptables, interiores o exteriores. Y convierte la escalera de emergencia, situada en uno de los extremos del bloque, en agradable y holgado espacio de transición, adecuado también para el encuentro.
El proyecto de esta obra, presupuestada en menos de 4,5 millones de euros, data del 2010. La crisis económica arreciaba entonces con tanta intensidad que hasta ochenta equipos se presentaron a su concurso. El proyecto de Brullet y De Luna fue un digno vencedor por distintos motivos. El primero, la manera en que reconoce la presencia de Fabra i Coats, homenajeandola sin mimetismos, estableciendo un diálogo que se basa tanto en el respeto como en la autonomía. El segundo, el modo desinhibido en que coloniza su parcela, en una esquina del recinto, aprovechando un trozo exterior de su muro, pero al tiempo marcando territorio con la verja que define su patio. El tercero, la racionalidad de sus plantas, tanto en la baja como en las tres superiores, ordenadas en dos franjas, una para pasillo y otra para aulas.
Operativa desde el curso 2016-2017, esta escuela aporta savia arquitectónica contemporánea a un recinto de aire decimonónico. Complementa con lenguaje actual la política de recuperación para nuevos usos de venerables complejos industriales que impulsa el Ayuntamiento. Y lo hace exhibiendo una experiencia y un oficio que no estan reñidos con la frescura.El recinto industrial de Fabra i Coats se caracteriza por sus volúmenes de ladrillo rojo portante. Al recibir el encargo de levantar un centro escolar dentro de su perímetro, Brullet y De Luna optaron por este material. Pero la normativa, que impide ahora construir edificios de más de dos niveles con ladrillo, les obligó a combinarlo con una estructura de hormigón. No lo ocultaron: dicha combinación propicia en la fachada de la calle Segre una afortunada composición en la que son visibles ambos materiales, sin pretensiones y con un buen ritmo de ventanas. La fachada opuesta, orientada a oeste y enfrentada a la de Fabra i Coats, es distinta: protege las clases con un brisse soleil de una pieza, hecho con deployé de acero galvanizado, que le da escala y atenúa la insolación, cobijando de paso una espaciosa balconada corrida de más de cuatro metros de profundidad. El edificio se levanta sobre pórticos de hormigón, que liberan superficie para espacios adaptables, interiores o exteriores. Y convierte la escalera de emergencia, situada en uno de los extremos del bloque, en agradable y holgado espacio de transición, adecuado también para el encuentro.
El proyecto de esta obra, presupuestada en menos de 4,5 millones de euros, data del 2010. La crisis económica arreciaba entonces con tanta intensidad que hasta ochenta equipos se presentaron a su concurso. El proyecto de Brullet y De Luna fue un digno vencedor por distintos motivos. El primero, la manera en que reconoce la presencia de Fabra i Coats, homenajeandola sin mimetismos, estableciendo un diálogo que se basa tanto en el respeto como en la autonomía. El segundo, el modo desinhibido en que coloniza su parcela, en una esquina del recinto, aprovechando un trozo exterior de su muro, pero al tiempo marcando territorio con la verja que define su patio. El tercero, la racionalidad de sus plantas, tanto en la baja como en las tres superiores, ordenadas en dos franjas, una para pasillo y otra para aulas.
Operativa desde el curso 2016-2017, esta escuela aporta savia arquitectónica contemporánea a un recinto de aire decimonónico. Complementa con lenguaje actual la política de recuperación para nuevos usos de venerables complejos industriales que impulsa el Ayuntamiento. Y lo hace exhibiendo una experiencia y un oficio que no estan reñidos con la frescura.

(Publicada en "La Vanguardia" el 5 de febrero de 2019)