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Casa de la Arquitectura

Arquitecto: Guilherme Machado Vaz

Ubicación: Matosinhos (Portugal). Av. Menères, 456

La Casa de la Música, obra de Rem Koolhaas inaugurada en 2005, es probablemente el edificio de Oporto del que más se ha hablado en los últimos años. Y no es de extrañar: su volumen es el de una figura geométrica irregular y multifacética, cuya exigua huella propicia fachadas en espectacular voladizo sobre el pavimento ondulante de la gran plaza que lo rodea. Si alguien busca arquitectura icónica en Oporto, la Casa de la Música será su destino.
A la hora de construir la sede de la Casa de la Arquitectura, Oporto ha optado por una fórmula muy distinta. No ha contratado una estrella internacional ni le ha dado carta blanca para que levante una obra de nueva planta y libérrima concepción. Por el contrario, ha optado por la recuperación –completa- y la transformación –muy comedida– de un viejo complejo industrial: el de la antigua Real Companhia Vinicola, sita en Matosinhos. Este conjunto de naves dispuestas alrededor de un patio fue terminado a principios del siglo XX y funcionó a pleno rendimiento como planta empaquetadora, almacén y centro distribuidor de vinos hasta los años 30. A partir de ahí, el abandono.
El arquitecto Guilherme Machado Vaz dice haber afrontado su recuperación tratando de equilibrar el rastro de los constructores del edificio con el de la naturaleza que la invadió cuando cayó en desuso. Eso se hace muy patente en el protagonismo dado a las grandes cerchas de madera que caracterizan las naves y que han sido saneadas, y algo menos respetando los árboles que durante los decenios de abandono crecieron en su interior, a los que ha dedicado pequeños y luminosos patios liberados del techo a dos aguas. Por lo demás, la obra, que fue inaugurada el pasado otoño, se reduce a restaurar las construcciones, mediante una discreta paleta de materiales, y a habilitarlas para sus nuevas funciones como salas de exposiciones, almacenes –de maquetas cedidas por los grandes arquitectos portugueses contemporáneos–, biblioteca o instalaciones para otras entidades culturales. La atmósfera arquitectónica del patio central debe ser ahora menos bulliciosa que durante su pasado industrial, pero por lo demás se preserva. Con la adenda, eso sí, de dos escaleras de hormigón, exteriores a las naves que enlazan la planta baja con la superior, trazando un gesto muy expresivo, que busca –y encuentra– el contraste. Y, también, de unas instalaciones del artista Pedro Croft que multiplican la imagen del conjunto.
Los tiempos cambian. Del grito de Kool­haas Oporto ha pasado a la discreción de Machado Vaz; de la creación de un nuevo icono, a la recuperación de un viejo equipamiento industrial al que se insufla nueva vida; de la agitación, a la serenidad; del ruido, al silencio.

 

(Publicada en "La Vanguardia" el 16 de abril de 2018)