Control de daños

07.09.2014 | Opinión

Siendo niño, pasé muchos sábados pegado a la tele para ver “Viaje al fondo del mar”. El esquema de esta serie era inalterable. El submarino “Seaview” se enfrentaba a tremendos peligros, ya fueran genios del mal que abducían a su tripulación o monstruos –pulpos, calamares o medusas gigantes– que zarandeaban la nave e intentaban comérsela como si fuera un chuche. En consecuencia, el maltrecho “Seaview” solía hundirse y tocar fondo. Entonces, el almirante Nelson –no el de Trafalgar, sino un pariente lejano del siglo XX– o el capitán Lee empuñaban un telefonillo y llamaban al marinero Kowalski. Su conversación solía ser así:

–Aquí Kowalski, control de daños.

–¿En qué situación estamos?

–Motores averiados, generadores fundidos, tres vías de agua, siete compartimentos de popa inundados y reserva de oxígeno bajo mínimos, señor.

–¿Cuánto tardará en repararlo todo?

–Unas dos semanas, señor.

–Que esté resuelto en dos horas.

Y ahí empezaba la remontada. Se activaban los protocolos de emergencia, se articulaban las órdenes y todos trabajaban a una, pese a sudar como pollos. En dos horas, la nave reflotaba y sus torpedos convertían al pulpo gigante en rancho para la cena. Fin del capítulo.

A menudo pienso que debe de haber un Kowalski catalán, pero no logro ponerle la cara. Veo a comandantes visionarios, a capitanes con una única misión y a una tripulación en la que abundan los soñadores, y en número ya mayor los preocupados. Pero no veo a un Kowalski que analice la coyuntura con frialdad de jefe de mantenimiento y enumere los desperfectos, que son cuantiosos y graves.

Quizás otros le vean, le llamen y den pie a una conversación como esta:

–Aquí Kowalski, control de daños.

–¿En qué situación estamos?

–País dividido, líderes muy estresados o empecinados, padres de la patria suicidados e incertidumbre colectiva sintetizada en la pregunta “¿qué pasará tras el 9-N?”. Y el pulpo gigante sigue estrujándonos, señor.

–¿Cuánto tardará en repararlo todo?

–Algunos años, señor.

–Lo quiero todo resuelto el 9-N.

¿Qué lejos queda el oasis catalán, verdad? Ahora estamos ante un paisaje menos amable, por no decir devastado. Pero abismarnos en su contemplación servirá de poco. Queda mucho por hacer. Deberíamos estar preparándonos para gestionar una probable gran decepción; para evitar que la decepción ceda paso a la frustración, y esta a algo peor; para restituir en su lugar el pactismo destronado por el desafío; y para defender las legítimas reivindicaciones con más inteligencia y eficacia. En “Viaje al fondo del mar”, las averías se solventaban en un pispás. Pero aquello era la tele y esto es la realidad. Aquí también saldremos a flote, pero no será en dos horas ni a base de soflamas y mesianismo. ¿Hay alguien trabajando en otra línea? ¡Kowalski!

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 7 de septiembre de 2014)