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Construir con cenizas

28.03.2015 | Crítica de arquitectura

Farmacia y dos viviendas.

Arquitecto: Arturo Frediani

Ubicación: Montornès del Vallès. Av. Onze de Setembre, 38

 

“Esta obra nace de las cenizas de otra”, dice el arquitecto Arturo Frediani. Se refiere, por una parte, a su conjunto de una farmacia y dos viviendas en Montornès del Vallès y, por otra, a la Casa R de Cabrera de Mar, una espléndida vivienda devorada por el fuego al poco de su inauguración.

La Casa M disfrutaba de magníficas vistas sobre el Mediterráneo, que parecía abrazar con cuerpos voladizos dispuestos sobre una planta en u. La obra de Montornès no tiene esa suerte: se erige en un solar de la desestructurada plaza del Ayuntamiento, donde coinciden distintas fábricas urbanas, a veces, chillonas. Ante la falta de jerarquía circundante, Frediani ha buscado referencias en lo primigenio, y ha concebido su obra de hormigón visto como un viejo peñasco previo a la construcción del pueblo, o como el volumen ruinoso de un castillo que antaño lo señoreó.

La transparencia de la farmacia, que es el elemento público de esta obra, contrasta con el hermetismo de las dos viviendas privadas. La farmacia tiene ras de sí un patio circular, acristalado como su fachada, alrededor del cual se disponen diversos servicios. De espaladas a ella, al otro lado del patio, se sitúan las dos viviendas, ambas de planta en c, para rodear sus respectivas áreas e jardín. Desde la calle estas viviendas exhiben su mole pétrea y su opacidad; en su fachada opuesta son, en cambio, transparentes. La distribución secuencia de las dos casas produce habitaciones relativamente estrechas. Pero, por lo demás, esta obra de Frediani constituye una nueva prueba de s singularidad como proyectista. Cierto es que algunos gestos evocan aquí la malograda casa de Cabrera. Pero también lo es que, como en obras anteriores, el autor exhibe una mente inquieta y libre, un constante afán de reinvención. Esto se aprecia en las peculiaridades que jalonan la obra, desde la ausencia de carpinterías hasta el ingenioso doblado de la larga puerta del garaje, pasando por el “festejador”, los irregulares lucernarios o incluso por el modo en que combina hormigón, madera y cristal.

“Un edificio –dice Frediani- es como un hijo. Su padre debe darle educación, enseñarle a comportarse, lograr que tenga alguna gracia y que sea deferente con el usuario”. En Montornès, Frediani ha sido, de nuevo, un padre responsable. Y así ha logrado un edificio con gracia, y lo ha hecho, como de costumbre, siguiendo su camino particular.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 28 de marzo de 2015)