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Como un libro

10.01.2015 | Crítica de arquitectura

Biblioteca Carles Rahola

Arquitectos: Mario Corea, Luis Morán y Sebastián Guerrico

Ubicación: Girona. c/ E. Grahit, 4-6

 

 

Con 7.121 metros cuadrados, la Biblioteca Pública Carles Rahola, abierta al público a finales de diciembre, es la mayor de Catalunya. Sus autores optaron por darle una geometría esencial: una gran caja cúbica, apenas alterada por el gesto de un cerramiento que respeta una vieja encina y marca la puerta de entrada. Y optaron también por elegir un material dominante en fachada: el U-glass blanco. Ambas decisiones perseguían una pieza de carácter abstracto, que se afirmara en un entorno urbano variopinto.

La discreción –la severidad, incluso– de esta resolución exterior contrasta con el mundo interior de esta obra, que parte de planteamientos muy racionales y busca la experiencia arquitectónica. El veterano Mario Corea, formado con Sert en Harvard, admirador de Kahn o Neutra, es un fiel seguidor de la herencia del Movimiento Moderno: orden en la planta, trabajo espacial en la sección, y administración de la luz solar para cualificar espacios. En planta, esta biblioteca se divide en cinco franjas, tres para salas de lectura, auditorios o aulas, donde domina el blanco; y dos para servicios (baños, ascensores, etcétera), intercaladas entre las anteriores y pintadas de negro. En sección, recurre al juego de compresiones y descompresiones: la entrada es de techo bajo, casi agobiante, pero nada más llegar a la escalera de hechuras monumentales que une las tres plantas principales se descubren dobles y triples alturas, que dan carácter y aire al equipamiento. Los autores combinan la agradable iluminación tamizada que proporciona el U-glass con vidrios transparentes, que enmarcan distintas vistas urbanas y relacionan la ciudad con este gran paralelepípedo.

Mención aparte merecen los tres grandes patios del edificio. Su particularidad es que van ampliando superficie según ganan en altura. Dotados de jardines verticales y aterrazados, se convierten a un tiempo en guiños a la Naturaleza y en pozos de luz que baña todas las plantas del edificio, incluida la subterránea.

En suma, una biblioteca de aspecto ensimismado, pero con mucha vida interior: más o menos, como un buen libro.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 10 de enero de 2015)