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Biblioteca Vasconcelos

Arquitecto: Alberto Kalach

Ubicación: Ciudad de México. Eje 1 Norte. Mosqueta s/n

Hay cierto consenso, incluso entre arquitectos, sobre cuál es el mejor edificio levantado en Ciudad de México en los últimos tiempos: la Biblioteca Vasconcelos, que entregó en el 2006 Alberto Kalach. Han pasado doce años desde entonces, y no debería hablar de una obra de esa edad en un rincón como este, dedicado a las novedades. Pero como uno no va a México a menudo, me permitiré una excepción.
Esta construcción, situada en paralelo a la vieja estación de Buenavista, es un trabajo de escala monumental y produce un impacto del mismo orden. Se trata de un edificio que evoca vagamente en sección la volumetría de las pirámides aztecas. Pero no es el volumen del edificio ni su exterior, de interés relativo, lo que lo singulariza, sino su interior, que depara una experiencia espacial memorable.
Lo habitual, en las bibliotecas, es colocar los libros en estanterías corridas contra los muros. Aquí se ordenan en una inmensa estantería colgada del techo. O, mejor dicho, colgada de un gigantesco arco estructural, una gran U invertida, con sucesivos retranqueos, a la que se accede por tres grandes forjados perimetrales de hormigón. Quien ingresa en esta obra puede pasear en planta baja por su larga calle central –el edificio enlaza tres cuerpos de 82 metros de longitud y 35 de ancho– bajo medio millón de libros, literalmente suspendidos sobre su cabeza. Hay en el mundo otras bibliotecas míticas, monumentales y acogedoras, como la del Trinity College de Dublin o la Nacional de Austria en Viena. Pero la Vasconcelos incorpora un plus de modernidad, sin perder confort en los espacios de lectura.
Kalach es un defensor de la recuperación del medio natural, como ha acreditado en su –desestimado– proyecto para el nuevo aeropuerto capitalino, mediante el que pretendía iniciar la restauración de los viejos lagos de la capital azteca; o en la Torre 41, enfrentada al bosque de Chapultepec, donde tiene instalado su frondoso estudio profesional. Quizás por ello, ha rodeado la Vasconcelos de jardines y de ruinas industriales asilvestradas. Pero es gracias al singular aire high tech de su piranesiana, enorme y ampliable estantería que Kalach consigue en la Vasconcelos una obra merecedora de tantos aplausos.

(Publicada en "La Vanguardia" el 31 de marzo de 2018)