Beban con moderación

08.06.2014 | Opinión

Aquí me bebo una Guinness. Aquí, una London Pride. En este pub, una “real ale”, no importa cuál. Y en el George & Dragon de mi pueblo (Downe), ya que estoy cerca de casa, me tomo unas cuantas “bitter”. Nigel Farage, líder del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), ganador de las elecciones europeas en Gran Bretaña, no parece hacer otra cosa que beber cerveza. Es como Arias Cañete comiendo ternera sin parar en la época de las “vacas locas”. La mayoría de sus imágenes en la prensa presentan a Farage con una pinta de cerveza en la mano, sonriendo, cerca de una barra donde encargar la siguiente ronda. En unas fotos sorbe la espuma, en otras da un trago largo, en otras apura el vaso. En algunas bebe de una copa balón del tamaño de su cabeza. Y siempre se fotografía sin complejos en el pub. Parece su domicilio y sólo lo abandone para fumar. Su campaña electoral ha sido una especie de Saloufest, pero vistiendo traje de triunfador de la City. Así, cerveza a cerveza, se ha merendado a conservadores, liberales y laboristas.

Todavía me acuerdo de los tiempos en que las agencias de prensa se lo pensaban dos veces antes de trasmitir una foto de una autoridad en actitud distendida o poco formal, comiendo o bebiendo. En los actos públicos donde se bebía, ya fueran un cóctel o un banquete, las fotos más apropiadas de los mandamases eran las de los brindis, copas en alto aunque lejos de los labios. Cualquier cosa antes que incitar al consumo o asociar al padre de la patria con el dipsómano.

Farage ha dinamitado esta convención. Su mujer dice que bebe y fuma en demasía. Él discrepa, pero aduce que sólo se vive una vez. Y luego se pide otra pinta. Siguien-do este método promocional ha impuesto su mensaje antieuropeísta y tirando a racista. Nada de visitar mercados, besar verduleras, acariciar bebés o patearse suburbios rebosantes de parados. Farage ha prescindido de todo eso y se ha ido directo al pub. Es lo que hacen muchos de sus compatriotas entre partido de fútbol y partido de fútbol. Por lo tanto, eso es lo que ha hecho él, con maneras populistas y resultados electorales muy satisfactorios.

Si el ejemplo cunde, las próximas campañas electorales serán más animadas. Los candidatos pedirán una y otra ronda y se lo pasarán bomba. Los votantes tendrán la ocasión de seguir el ejemplo y, en tal caso, seguro que emitirán su sufragio con mayor relajo, sin remordimiento por estar confiando no en el mejor sino en el menos malo. Eso estará muy bien. Siempre y cuando, a base de cerveza, los votantes no acaben pensando como Farage. Es decir,

pensando que todo se resuelve cargándole las culpas a Europa o a la inmigración, convencidos de que el país en el que casualmente vieron la luz es el mejor de todos, y el resto, un estorbo; de que por haber nacido aquí o allí ya son algo. De modo que beban si les apetece, pero háganlo con moderación.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 8 de junio de 2014)