Joaquín Aguirre, titular del juzgado número 1 de Barcelona, ha instruido el sumario de la operación Voloh. Supimos de ella el 28 de octubre, cuando la Guardia Civil detuvo a 21 personas. Entre ellas, figuras del llamado Estado Mayor del procés que en fechas cruciales del 2017 aconsejó en la sombra al entonces presidente Puigdemont. Me refiero a activistas como Xavier Vendrell, David Madí y compañía, a los que se atribuyen delitos de malversación, tráfico de influencias, etcétera.
Sería imprudente afirmar que este sumario tendrá efectos penales, porque es rico en suposiciones, deducciones e hipótesis y admite que ciertos hechos no han sido probados. Se abrió para aclarar el uso indebido de fondos de la Diputación de Barcelona y ha llegado hasta Rusia, merced a la conversación telefónica de un investigado en la que se mencionaba la posibilidad de que Putin respaldara la independencia de Catalunya con 10.000 soldados. Tal supuesto ha ge­nerado, por delirante, más chascarrillos que inquietud.
A juzgar por los fragmentos conocidos del sumario, estaríamos ante una agregación de datos, frondosa y tirando a deslavazada, más que ante una causa de sólida estructura, conclusiones incontestables y efectos previsibles. No es la primera así.
Ahora bien, el hecho de que su factura sea mejorable no significa que este sumario carezca de interés. Lo tiene, y mucho. Porque las palabras de los encausados que recoge desvelan aspectos alarmantes de la gobernanza de Catalunya. Ya sabíamos que los últimos relevos en la presidencia de la Generalitat han sido a peor. Que hemos pasado de un presidente elegido a dedo a otro vicario; y del vicario, a uno en funciones, al que se ningunea hasta el extremo de dejarle sin oficina en el Palau de la Generalitat. Ahora sabemos, además, que la progresiva endeblez de esta estructura de poder oficial contrasta con la ambición, pugnacidad y desfachatez de una subestructura con muchos años de vuelo, carente de mandato democrático y opaca al escrutinio público.
Algunas frases de Xavier Vendrell recogidas en el sumario son, en este sentido, muy ilustrativas, no ya de sus labores, que también, sino de su actitud y de lo que esta representa. Dice Vendrell a propósito de unas recalificaciones de terrenos que sus amigos en la Generalitat no le conceden con la diligencia debida: “Con todo lo que yo he hecho por este país sin pedir nada a cambio y me están tocando los cojones por el tema del concierto, me están haciendo perder tiempo, ¡hostia!”. Dice sobre los competidores en un concurso público dispuestos a recurrir la concesión que a él le ha beneficiado: “Si quieren pleitear que pleiteen, y como me hinchen mucho los huevos les enviaré a un colombiano y les daré dos hostias”. Y dice sobre unas presuntas irregularidades del proyecto que impulsa, iniciado sin permiso: “Aquí vendrá Torra a inaugurar. No vendrán de la Generalitat a pedirte explicaciones”. Bellísima persona, Vendrell, ¿no?
Pues no. Patente de corso con sello patriótico, tráfico de influencias en conselleries varias, amenazas de matón y la convicción de que sus irregularidades quedarán impunes. Ese sí sería un posible autorretrato de Vendrell. Y esta es la Catalunya donde vivimos, tanto los independentistas de buena fe que aún confían en que semejantes prohombres construirán un país mejor, más abierto y menos corrupto, como los que creen que ningún ideal justifica acciones como las descritas.
Las palabras de David Madí no son menos interesantes. Ante la llegada a Interior de su actual titular, pide “que no haga nada sin hablar antes conmigo porque hay que explicarle muchas cosas a nivel de personas de confianza”. Madí estudió en el Liceo Francés y suele expresarse con menos rudeza que Vendrell. Pero al calificar a mandatarios no se ahorra lisonjas: tilda a Torra de “subnormal político profundo”, a Junqueras, de “desequilibrado” y reduce a Bonvehí, que se desplaza en silla de ruedas, a “pedazo de carne”.
Este esbozo de autorretrato de Madí –otra perla– nos dice que está convencido de que desde fuera del Govern puede manejarlo. ¿Arrogancia o empirismo? En cualquier caso, va muy sobrado.
El sumario en cuestión documenta, pues, que independentistas pata negra y bien colocados como Vendrell, Madí et altri llevan una eternidad moviendo los hilos. Al inicio, desde frentes radicales como Terra Lliure o burgueses como la CDC de Pujol y Mas. Y ahora, desde ERC o JxC, ya cercanos ambos a un Puigdemont resuelto a acaudillar el independentismo sí o sí. Llevan tantos años operando que encarnan ya como nadie la continuidad del régimen. Y lo hacen, a diferencia de un Govern siempre a la greña, con una sintonía que les permite, entre servicio a la patria y servicio a la patria, asociarse y emprender en armonía lucrativos negocios al calor del poder.

(Publicado en "La Vanguardia" el 8 de noviembre de 2020)