Aviso a los lectores: este artículo contiene expresiones malsonantes. Por lo general es mejor evitarlas, porque cualquier texto luce mejor aseado que sucio, y no por ello pierde contundencia. También se deben evitar porque repelen a buena parte de la audiencia. Pero esta vez era preciso usarlas con todas sus letras porque son las causantes directas de las siguientes líneas. O eso, o descartar el tema. Y como el tema me pareció sugerente, y de agraria sutileza, pues allá voy, presentando de antemano disculpas a quien pueda sentirse ofendido.
El pasado fin de semana, una veintena de CDR decidieron honrar su razón de ser –defender la república– de un modo no inédito, pero sí sorprendente: depositando montones de excrementos ante otros tantos juzgados catalanes. La acción se produjo en vísperas del inicio del juicio –empieza este martes– contra los políticos encausados por el intento secesionista del 2017. Y tenía por objeto desacreditar la Justicia española cubriéndola, además de bosta, de improperios resumidos en el lema “mierda de Justicia”.
He aquí una expresión campanuda, elocuente y, en términos de significado, ajustada al propósito de quien la formula. (Otro fruto nos daría el análisis cultural o cívico del lema, que dejo para mejor ocasión). Porque es costumbre extendida decir de alguien o de algo para insultarle o despreciarlo que es “de mierda”. Por ejemplo: “sueldo de mierda”. De modo que “mierda de justicia” podría ser una expresión que viene a significar exactamente lo mismo que “justicia de mierda” y cumple por tanto su fin.
Con eso ya bastaba. Pero algunos repartidores de boñigas enriquecieron su descarga con pintadas que llevaban el slogan a otra dimensión. Verbigracia: “La justícia espanyola fa pudor de merda feixista”, ilustrada con el dibujito de una deposición de vaca coronada por seis moscas. Entiendo que su afán descalificador era similar. Pero aquí se daba por hecho que hay un tipo de excremento con ideología ultraderechista y propiedades organolépticas y políticas específicas. Nada más leerla, las preguntas se agolparon en mi mente. ¿Puede ser la mierda fascista? En tal caso, ¿lo es por decisión propia o por ser producto de un fascista? ¿Huele distinto, o peor, la mierda fascista? ¿Significa eso que el fascismo se consolida en el conducto intestinal del fascista, más que en su cerebro? ¿Qué componente original del fascismo –nacionalismo, totalitarismo...– apesta más?
El académico Fernando Lázaro Carreter publicó durante veinte años amenos artículos bajo el epígrafe “El dardo en la palabra”. Con ellos quiso combatir el uso de extranjerismos suntuarios y, también, las faltas de sentido común idiomático. En el que inauguró esta rúbrica, publicado en el diario Informaciones en 1975, Lázaro Carreter nos advirtió: “Pensamos con el idioma. Si lo usamos mal, pensaremos mal”. No está de más recordarlo de vez en cuando. Aquí lo dejo.

(Publicado en "La Vanguardia" el 10 de febrero de 2019)