Apoteosis de la desnudez

11.05.2014 | Opinión

Rihanna enseña sus pechos en la revista “Lui”. A la novia de Ronaldo la han pillado en “topless”. Beyoncé nos muestra sus muslos macizos día sí día también. Miley Cyrus exhibe lo que tiene, y lo que no, con patética perseverancia… Las grandes divas de la cultura pop viven hoy en perpetuo calentón. Antes aprovechaban los actos sociales para lucir prendas de sus modistos favoritos. Ahora no pierden ocasión para aligerarse la ropa y pregonar sus redondeces. Asistimos a una apoteosis de la desnudez (o del exhibicionismo) diligentemente reflejada por los medios de comunicación. Las cantantes todavía cantan o bailan, pero su más enconada competición se desarrolla en la arena del destape. Tanto culo tienes, tanto vales. Triunfa, me temo, la “nuditas criminalis” (guiada por la vanidad y la concupiscencia) sobre la “nuditas virtualis” (hecha de pureza e inocencia).

En la portada de la revista “Vanity Fair” aparecen un hombre y una mujer recostados en un sofá. Él –afamado modelo– viste traje oscuro, camisa blanca y corbata desanudada; su mano izquierda progresa hacia el trasero de la dama. Ella viste como su madre la trajo al mundo (pero calza, eso sí, zapatos de fino tacón), posa su mano izquierda en el pecho del caballero y pone cara de “ya estás tardando”. Sobre las piernas de ambos, este titular: “El último hombre 10 se desnuda (dentro)”. ¿Estamos ante un nuevo caso de discriminación sexual? Sin duda. Ella, en sintonía con los tiempos, despliega todos sus encantos en portada, para asegurarse de que nada se interpondrá entre su cuerpo y la anhelada atención pública. Él, víctima de una estrategia promocional obsoleta, reserva sus encantos para las páginas interiores. Error. El que se desnuda primero da dos veces.

¿Se equivoca “Vanity Fair” al apostar también por la desnudez? Seguramente, no. Una revista que destaca este tema en portada –además de una entrevista con la presidenta de Navarra, la historia íntima de Rocío Jurado y un reportaje sobre emprendedores con “genio, talento, osadía, juventud…¡y altísima rentabilidad!”– no puede equivocarse. Está en onda, en el ajo, al día. Y, sin embargo, este insomne carrusel de las carnes que copa videoclips, galas antaño glamurosas y portadas de papel satinado nos deja algo ansiosos, nos incita a pedir más. Ya hemos visto estos cuerpos gloriosos desde todos los ángulos posibles, incluidos sus pliegues recónditos. Pero la sobredosis no nos sacia y ahora querríamos quizás ver qué hay del otro lado. Lo cual me lleva a formular unas preguntas: ¿qué nuevas emociones estéticas ocultan esos envoltorios esculturales? ¿qué ideas contienen? ¿qué cerebros privilegiados?

Es en este punto de mi delirio, cuando una voz grave, acaso del más allá, me corrige con autoridad inapelable:

–Moix, vuelve en ti, olvídate de todo eso y confórmate con lo que ves. Podría ser que no hubiera más.

Y yo obedezco y acabo aquí esta nota.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 11 de mayo de 2014)