A. L. Huxtable, entusiasta e incisiva

17.01.2013 | Reportaje de arquitectura

“La arquitectura transforma nuestro mundo. Es importante entender cómo y por qué, si aspiramos a ser los beneficiarios, y no las víctimas, del proceso”. Ada Louise Huxtable, que cierra así la introducción de “On Architecture”, su último libro (2008), dedicó medio siglo a explicar ese cómo y ese porqué. Nacida en Nueva York en 1921 y fallecida allí el pasado día 7, Huxtable reunió en dicho volumen -que abrochaba su bibliografía de once títulos-, una antología de sus textos sobre arquitectura. En ella se quintaesencia su pasión por esta disciplina, su erudición histórica, su talento divulgador, su respeto por el patrimonio, su curiosidad por lo nuevo y su independencia, que le permitía escribir, indistintamente, elogios entusiastas y críticas muy incisivas. Fueron estas virtudes, junto al coraje de los pioneros, las que hicieron de ella la fundadora, la referencia y la decana del gremio de críticos de arquitectura en EE.UU..

Poseedora de una sólida formación como historiadora, que adquirió, tras su paso por el Hunter College, en el Institute of Fine Arts de la Universidad de Nueva York, y amplió en la biblioteca arquitectónica Avery de la Universidad de Columbia, Huxtable trabajó en el MoMA de Nueva York y fue becaria Fullbright y Guggenheim antes que crítica.

Ya a finales de los años cincuenta del pasado siglo perfiló su inclinación profesional, con artículos en los que lamentaba “que se construyan rascacielos que cambian la fisonomía y los servicios de la ciudad, y que todo eso ocurra sin discusión”. Pero no fue hasta 1963 que recibió el encargo de ocuparse de la crítica arquitectónica en “The New York Times”. Otros habían escrito antes en la prensa sobre arquitectura, pero no desde una posición consolidada como la suya, que luego replicarían otros diarios. Esa sería su responsabilidad hasta 1981, cuando dejó el “Times”, siendo homenajeada por su sucesor en el cargo, Paul Goldberger, con esta simple constatación: “Mrs. Huxtable inventó una nueva profesión”.

Pese a su salida del “Times”, donde en 1970 había recibido el primer premio Pulitzer concedido a la crítica, Huxtable perseveró en su oficio hasta el final -aún publicó un texto el 3 de diciembre pasado en “The Wall Street Journal”, donde escribía regularmente desde 1999-, difundiendo sus saberes arquitectónicos mediante una prosa culta, elegante y atractiva. Su objetivo no era sólo llamar la atención sobre la calidad de los nuevos edificios, sino pronunciarse también sobre el modo en que contribuían, o no, a mejorar la ciudad.

Porque, en realidad, la ciudad era la razón última de sus desvelos; en particular las ciudades que maltratan su patrimonio, se rinden a la codicia inmobiliaria, frenan la innovación o padecen el ego de arquitectos más presuntuosos que sabios. El “Times” y el “Wall Street Journal” fueron los dos hogares periodísticos de Huxtable, aunque también publicó ensayos en “The New York Review of Books”. Entre sus libros, cabe mencionar “The unreal America: Architecture and illusion”, “Will they ever finish Bruckner Boulevard?”, “Kicked a building lately?”, “Architecture, anyone?” o “Frank Lloyd Wright: A life”.

“La arquitectura, que en tiempos fue una provincia habitada exclusivamente por artistas e intelectuales, se ha convertido en una de las herramientas de márketing más populares en la era supercapitalista”, escribió Huxtable. En efecto, su etapa laboral coincidió con una de grandes cambios, en la que los rigores del Movimiento Moderno fueron contestados por varias corrientes, desde el severo brutalismo de hormigón hasta la reciente blob architecture de formas imprevisibles y caprichosas. Huxtable procesó todas esas novedades con rigor y ecuanimidad, siempre despierta pero recelosa frente a las modas y refractaria a los dogmas.

Incondicional de los grandes maestros de la modernidad -Wright, Le Corbusier, Gropius, Mies, Aalto o Kahn- y defensora de autores como Siza o Moneo, cuya contención, a su modo de ver, les había perjudicado en tiempos dados al ruido y el exceso, Huxtable ha sido una voz singularmente respetada en todo el orbe arquitectónico: un faro que ahora se apaga, pero cuya luz pervivirá en el recuerdo.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 17 de enero de 2013)