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Loggia Baselian
Arquitectos: Isla (Marta Colón de Carvajal y Juan Palencia)
Ubicación: Basilea. Dreispitz (en terrenos de la Christoph Merian Foundation)

Basilea, la ciudad de Herzog & De Meuron, con obras de una docena de premios Pritzker, pasa por ser la capital suiza de la arquitectura. Esta posición ha propiciado la organización de su primera semana dedicada a esta disciplina (Architekturwoche Basel 2022), desde el lunes hasta hoy. La edición inaugural se ha realizado bajo el lema Espacios reales, y pretende aportar elementos de debate en tiempos de globalización, digitalización, migraciones, crisis climática y pandemia, que influyen también sobre los espacios urbanos.
Uno de los atractivos de esta bienal es el Pabellón de Basilea, concebido como una reflexión y un ejercicio práctico sobre la arquitectura sensible al medio ambiente y la economía circular. Para su construcción se convocó un concurso internacional, al que se presentaron casi doscientos equipos, dispuestos a encarar un desafío peculiar: edificar un pabellón de uso público a partir de un repertorio de materiales constructivos desechados o procedentes de derribos; es decir, una arquitectura basada en la conciencia de la escasez de materiales.
Ganó el concurso Isla, el equipo de Marta Colón de Carvajal y Juan Palencia, basado en Mallorca, que propuso, sobre una playa de vías en desuso del antiguo distrito industrial de Dreispitz, un pabellón de cincuenta metros de longitud por dos de ancho, instalado sobre una de las mencionadas vías, siguiendo su curvatura: un espacio para pasear a cubierto o contemplar un espectáculo o para sentarse a almorzar en su banco corrido.
Los materiales venían predeterminados, pero el programa público que podía darse al pabellón era libre. La propuesta de Isla se divide en varias secuencias, armadas con distintos materiales. En alguna sostienen la cubierta piezas de madera, en otras patas de mesas metálicas recicladas, y en otras tubos de cartón. Los tramos del banco pueden ser de madera o llevar revestimiento metálico. Y, siendo la chapa de la cubierta insuficiente, aparecen en ella algunos huecos por los que se cuela el sol, haciendo de la necesidad virtud.
Este pabellón de Basilea – que cuenta entre sus inspiraciones la logia Vasari de Arezzo, el corredor Vasari de Florencia, el Kapelbrücke de Lucerna o los muelles fluviales sobre el Rin de Basilea- tiene seis meses de vida por delante y quizás sea después desmontado y remontado en otro lugar, entero o en parte. No estamos ante una construcción para la posteridad, sino para alertar sobre la escasez de materiales y la necesidad de reutilizarlos. También para recordar que la arquitectura, como la gastronomía, no es un arte que exija siempre los ingredientes más frescos o caros: este pabellón ha sido construido con oficio arquitectónico, pero con un espíritu similar al de quien abre la nevera sin saber qué va a cocinar, y trata de hacer el mejor plato posible a partir de lo que encuentra en su interior.

(Publicada en "La Vanguardia" el 16 de mayo de 2022)