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2013, año Pinós

01.05.2013 | Reportaje de arquitectura

La crisis ha reducido a mínimos la actividad de muchos arquitectos españoles; una de las excepciones la encarna la barcelonesa Carme Pinós, que está ultimando, e inaugurará este año, tres obras notables en tres países distintos. En esta entrevista, Pinós cuenta algunas claves de su arquitectura

 

ENTREVISTA A CARME PINÓS: “Entrar saliendo, ese es el objetivo”

-Le he escuchado decir que el arquitecto está más cercano al director de cine que al escultor. Y, más que al director, al guionista. ¿Puede explicarse?

-El arquitecto crea espacio y, al crearlo, fomenta un tipo de vivencias, condiciona el comportamiento de la gente. Por tanto, es su responsabilidad proyectar pensando cómo va a sentirse la gente en sus espacios y qué ambientes quiere ofrecerles. Es a partir de este guión espacial que acabas dibujando una forma, que a su vez produce un espacio, que a su vez contribuye a generar el edificio. Esta frase que cita se la repito a mis alumnos. Cuando uno viene con un proyecto caprichoso, le recuerdo que los espacios son para vivirlos.

-¿Qué es la experiencia espacial?

-La arquitectura no hay que concebirla sólo para los ojos, sino para que se sienta con todo el cuerpo. Porque el espacio se siente con el cuerpo. El papel de la memoria al apreciar el espacio también es importante. Un edificio es una serie de espacios relacionados. Hay que pensar en ellos y en los trayectos que los unen, en las circulaciones. Los edificios tienen que indicar a sus usuarios donde se encuentran.

-¿La experiencia espacial es por tanto una cuestión física?

-Sí. Por ejemplo, puede venir dada por la luz natural que entra en un edificio, transformando su interior y relacionándolo con el exterior, con el cielo. También la memoria tiene mucho que ver con todo eso. Sin ella no podríamos relacionar los espacios que diseñamos con otros que recordamos, ni con una dimensión trascendente.

-Además de la luz, ¿qué herramientas moldean esa experiencia espacial?

-Por ejemplo, la secuencia de ritmos espaciales, comprimiendo los volúmenes habitables o expandiéndolos. También buscando las visiones tangenciales, evitando que los espacios conduzcan contra una pared. Diseñando una arquitectura que no te encierre dentro del edificio, sino que dé salidas. Hay que saber qué sensaciones quieres crear.

-¿Qué sensaciones quiere crear usted?

-En todas las obras quiero que el espacio ofrezca vías de escape. En CaixaForum de Zaragoza he luchado mucho para que las escaleras mecánicas tengan salida visual. Los edificios deben protegernos, sin ahogarnos. El auditorio soterrado de dicha obra lo he relacionado con un jardín. Me gusta diseñar edificios en los que el usuario, al entrar, tenga la sensación de estar saliendo, viendo exteriores. Entrar saliendo, ese es el objetivo.

¿Ese temor a quedar encerrado obedece a alguna fobia?

-Absolutamente. Quiero que los usuarios de mis obras se sientan a cubierto, pero libres. En la obra de Viena, por ejemplo, me han hecho cambiar la dirección de la entrada, contrariando mi idea de dar una escapatoria, y eso me ha molestado mucho. En los edificios debe entrarse hacia la luz, no hacia un interior cavernoso.

-¿Siempre tuvo esa preocupación?

Sí. Recuerdo la obra de Morella que firmamos Enric Miralles y yo. Bajabas las escaleras y llegabas a una planta subterránea, pero también allí abrimos un lucernario para que entrara la luz.

¿Esa es una prioridad al proyectar?

-No. Pero va mucho conmigo. No fuerzo los proyectos para hallar esa vía de escape. Siempre encuentro la manera natural de lograrlos.

-¿Hay otros rasgos recurrentes en sus sucesivas obras?

-Sí. La expresión de la estructura. Intento que sus formas se manifiesten en el edificio.

-¿Se trata de una herencia brutalista?

-Puede ser. Viene de los años de formación. Podría prescindir de todos los libros de arquitectura, menos de los de Le Corbusier.

-¿Cómo valora el entorno, el contexto de la obra arquitectónica?

-Es fundamental. Lo primero que hago a la hora de proyectar es buscar la mejor relación con el entorno. Un edificio no es una escultura aislada. En Zaragoza era muy consciente del contexto. CaixaForum está en un parque donde iban a ir más edificios. Quise que el mío fuera la puerta de ese parque, y eso determinó sus formas. El programa era simple, pedía sólo dos salas de exposición y un auditorio. En lugar de ponerlas una encima de otra las hemos puesto como desplazadas una respecto a otra, a distintos niveles. Estando en una sala, se ve la ciudad a través de la otra sala. Es lo que le decía: para mí, una vez dentro del edificio, es importante mantenerse siempre orientado. Pero no sólo dentro del edificio: también saber en qué parte de la ciudad estás. Cuidar esa consciencia de la ciudad es una manera de cuidar la propia ciudad.

-¿Qué representa el proyecto de Zaragoza en su trayectoria?

-Lo bueno es que lo gané concursando con libertad, asumiendo riesgos, rechazando condiciones. El cliente confió. Fue un privilegio.

-¿Qué significa el riesgo en arquitectura? ¿Constituye un valor?

-En este caso propuse algo muy singular, un gran pórtico estructural, con valor plástico, que es algo que no debemos olvidar. De hecho, cuando preparé la maqueta la hice pequeña, para que pareciera una joya, para destacar su aspecto abstracto, su valor escultórico. Dicho esto, todas las obras deben cumplir con sus obligaciones estructurales e ingenieriles. Esta obra tiene valor escultural fuerte y cumple muy bien el programa.

-Hábleme de su obra vienesa.

-Me ha hecho sufrir. El cliente me ha hecho cambiar la fachada a media obra. No he gozado de la misma libertad que en Zaragoza. El programa es más aburrido. Las oficinas son pequeñas…

-¿Qué es lo bueno del proyecto?

-El intento de resolverlo de manera discreta sin renunciar a una presencia fuerte. El intento de lograr que el recorrido por el edificio sea una pequeña aventura. Es una construcción valiente.

-Hablaba de libertad. Ahora, de valor.

-Sin responsabilidad no hay libertad. Si actúo con libertad es porque lo hago con responsabilidad. En Viena había cierta desconfianza por parte del cliente, y eso me restaba responsabilidad.

-¿Qué es el valor, la valentía?

-No asustarse ante ningún resultado. Asumir proyectos con ganas de llegar donde no llegaste antes.

-¿Qué me dice de la obra de México?

-La primera torre que hice allí tuvo algo de CaixaForum, por la libertad que me dieron. La segunda, la que se inaugura este año, está en una zona más densa. El cliente busca la mayor rentabilidad. Aún así, ha habido mucha confianza, me he sentido, de nuevo, privilegiada.

-Trabaja también en Vallecas.

-Hago unas viviendas sociales, en un marco difícil. Aquí hubo de nuevo la voluntad de ofrecer espacio público, mediante un jardín interior, abierto a la gente de la calle. Se trata siempre de hacer ciudad, espacio para la comunidad.

-¿Cómo le afecta la crisis?

-He tardado más que otros colegas en notarla, pero ahora ya la siento. La obra de la Garduña, en Barcelona, está parada. La obra de Tortosa también está parada.

-¿Está preocupada?

-La situación es muy preocupante, sobre todo en España. La preocupación que me produce el estado de la arquitectura es extensiva al funcionamiento del mundo, al tipo de vida que llevamos. Parece como si todo fuera a la baja, como si nos acercáramos a otra Edad Media. Manda la especulación, un gobierno sin rostro ni escrúpulos ni piedad. Falta mucha empatía: cada día nos resulta más difícil ponernos en el lugar de los demás.

-¿Presenta todavía desventajas el hecho de ser arquitecto y mujer?

-Tras la separación de Enric Miralles, durante tiempo, ser mujer fue un mazazo. Me perjudicó. Parecía que la que sobraba era yo. Pero sabía que, si aguantaba, los inconvenientes podían transformarse en ventajas. Ahora disfruto siendo arquitecta y trabajando sola.

-¿Tiene una arquitecta de referencia?

-No. Pero si hablamos de una mujer que trabajó en pareja, Allison Smithson fue un referente para mí. Peter y Allison Smithson eran un modelo de coherencia total, en lo referente a opiniones, obras, integridad y vida personal.

-¿Qué proyectos tiene entre manos?

-Ganamos un concurso para la reorganización urbana de Saint Dizier, en Francia, que nos puede dar trabajo los próximos seis años.

-Dígame una obra de los últimos cinco años que le haya impresionado.

-No sé. Nada me emociona como la arquitectura de los años 50 del siglo XX, obras de Saarinen, de Kahn, etcétera. Entre lo más reciente, quizás me gustó el CaixaForum de Madrid, de Herzog & De Meuron. Me gusta que se levante del suelo, como una pesadilla, y que los arquitectos le coloquen encima esa nueva pieza metálica, como para contrapesar la poca calidad del edificio preexistente.

-La arquitectura ha tenido durante los últimos años gran presencia mediática. ¿Con qué resultado?

-La consideración de la arquitectura cambió a raíz del éxito del Guggenheim de Bilbao. El mercado y los políticos se dieron cuenta de que la arquitectura puede ser espectacular y rentable. En los años 90, Wolf Prix me dijo que los arquitectos estábamos a punto de ponernos de moda y que habría un club selecto, integrado por unas veinte figuras mundiales. Así ha sido. El mercado buscaba espectáculo y lo ha encontrado en algunos arquitectos estrella. Vivimos en un mundo vacío, en el que se aprecia el espectáculo por el espectáculo, y eso hace que todo parezca banal, incluida la arquitectura. El gótico también era espectacular, pero no era sólo un producto de consumo; tenía mucho de espiritualidad y trascendencia. La condición espectacular debilita la arquitectura. O, dicho de otro modo, lo espectacular debilita la arquitectura.

(Publicado en “La Vanguardia” el 1 de mayo de 2013)

 

UN VIAJE POR MÉXICO, ESPAÑA Y AUSTRIA

El calendario de entregas de Carme Pinós tiene en el 2013 tres citas señaladas, que tendrán lugar en dos continentes. Esta primavera terminará sus obras en Guadalajara (México) y Viena. Y para después del verano hará lo propio en Zaragoza. En la ciudad americana, donde ya construyó una torre (Cube 1), inaugurará otro edificio de oficinas (Cube2), de una treintena de plantas. En la capital austríaca abrirá su edificio para la Universidad de Económicas en el Nuevo Campus. Y, en Zaragoza, la sede local de CaixaForum, una construcción de hechuras muy libres, que parece elevada o suspendida en el aire. Esto último la emparenta, siquiera lejanamente, con el edificio diseñado para la misma entidad por los suizos Herzog & De Meuron, en el paseo del Prado de Madrid.

ZARAGOZA.- El programa del nuevo CaixaForum era, a priori, sencillo: dos grandes salas de exposiciones y un auditorio. Pinós quiso convertir además el edificio en un pórtico para el parque en el que debían levantarse otras piezas. La sede de CaixaForum se eleva sobre su base, tiene un porte escultórico y busca la relación entre interior y exterior.

GUADALAJARA (MÉXICO).- El cliente pidió que la torre Cube 2 fuera un edificio con personalidad, para que se distinguiera en una zona en la que abundan ya las piezas de altura. La respuesta de la arquitecta es un edificio con dos cuerpos verticales, de plantas casi triangulares, encaradas, que arropan un núcleo central, y cuya unión genera una ilusión de dinamismo.

VIENA.- La obra de Pinós para la Universidad de Económicas en el Nuevo Campus de Viena está integrada por seis cuerpos, que dibujan en planta tres uves irregulares e interconectadas. La fachada presenta un dibujo abstracto bicolor que diluye el ritmo de ventanas y el orden de niveles, al tiempo que da a la construcción un aire objetual.

 

Foto de CaixaForum de Zaragoza, de Estudio Carme Pinós